Mitología del Pacífico Sur: El origen del mundo según los Māori

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27 de noviembre de 2012 por Blog de Banderas

Occidente nos ha enseñado a demeritar las tradiciones orales. Recuerdo en este momento, por ejemplo, el período conocido como “los siglos oscuros” en la historia africana… justo antes del siglo VII cuando llegaron los musulmanes al norte de África y, con ellos, la escritura. Y claro, se llaman “los siglos oscuros” porque no había nada escrito y Occidente se ha negado históricamente a validar conocimientos que son transmitidos por la vía oral. Luego, Europa se dedicó a escribir algunas de estas historias salvándolas de un exterminio inminente… pero se había perdido la magia del story telling. Leer una historia sobre nuestros antepasados escrita por algún europeo que creció en Londres o en París nunca será igual que oírla de la boca de un abuelo que siempre ha vivido en la tierra de los ancestros. Puede que el conocimiento perdure pero la magia se había perdido.

Algo así ha sucedido en el Pacífico Sur, un territorio de innumerables historias que se habían pasado de generación en generación por la vía oral y que, con la llegada de los europeos, empezaron a ser escritas y, en consecuencia, a perder gran parte de su magia. Pero bueno, dejemos de protestar de la forma como las historias del sur han sido alteradas por el norte y centrémonos en lo que nos interesa. Corría el año de 1999 y yo estaba viviendo en Nueva Zelanda. Una de mis grandes amigas me llamó un día y me dijo que me llevaría un fin de semana a una ciudad llamada Rotorua a unos 200 kilómetros al sur de Auckland…  Como buen turista, tomé una maleta, metí 2 calzoncillos, 2 camisetas, un jean, el cepillo de dientes, el desodorante y me subí a su carro.  Pasaron un par de horas por una carretera maravillosa a través de las imponentes paisajes neozelandeses y estábamos en nuestro destino.

Rotorua es una ciudad pequeña de no más de 55.000 habitantes famosa por sus lagos, aguas termales y una altísima concentración de géiseres. Es un lugar lleno de extranjeros que van a relajarse y a caminar en medio de la naturaleza esperando que de un momento a otro, la tierra escupa un chorro de agua por los aires para el deleite de los visitantes. Es, sin duda, un lugar maravilloso.

Panorámica de Rotorua, Nueva Zelanda desde el teleférico (Fuente)

Luego de haber visto las maravillas que la naturaleza tenía para ofrecernos en Rotorua, fuimos al hotel donde nos hospedaríamos a bañarnos y comer algo. Durante la cena, los dueños del lugar – que era bastante pequeño y tenía un servicio extremadamente personalizado – se sentaron con nosotros a charlar un rato. Cuál sería mi sorpresa al ver que todos eran Māori, es decir, los nativos neozelandeses que llegaron a las islas siglos antes que los europeos y aún conservan gran parte de sus tradiciones y su idioma. Empezamos a hablar durante un tiempo hasta que, de repente, apareció el abuelo del dueño que había ido a visitarlo por unos días. El señor era una figura imponente… no era muy alto pero tenía su cara llena de arrugas y tatuajes tradicionales māori. Cuando entró en la sala donde estábamos, toda su familia se quedó en silencio y se puso de pie para recibirlo… yo hice lo mismo mientras miraba alrededor sin saber qué hacer. Esto era nuevo para mí y no conocía el protocolo. Lo recibieron, le pasaron una silla y se sentó con nosotros. Mi amiga y yo esa noche teníamos pensado ir a ver un show en el que un grupo de māori realizaban el Haka – la danza de guerra māori – para los turistas en el centro de Rotorua… sin embargo, por alguna razón, decidimos quedarnos charlando con los dueños del hotel hasta altas horas de la noche. Luego me daría cuenta que fue la mejor decisión que pudimos haber tomado.

El resto de huéspedes habían abandonado el lugar y el abuelo māori había empezado a contar historias. Inició con algunas sobre la llegada de los europeos a lo que hoy es Nueva Zelanda y luego nos contó algunas cosas sobre las guerras entre los māori y los británicos. Hasta aquí todo normal, entretenido pero normal. La cosa se puso interesante cuando nos preguntó a mi amiga y a mí: “¿ustedes saben cómo se creó el universo?”. Mi amiga, con ínfulas de científica, le contestó: “claro…” y empezó a hablar del big bang. El abuelo la interrumpió y le dijo: “El universo no se creó solo. Todo lo que ves es un regalo de los Dioses para nosotros”. Y aquí tengo que ser honesto… ya me habían tocado algunos personajes cristianos a ultranza por ahí en la vida y pensé: “este señor nos va a empezar a evangelizar”… La vida se me había complicado. Sin embargo, al menos esta vez, el universo iba a ser benévolo conmigo. El abuelo no era fanático religioso, mucho menos cristiano… el abuelo estaba a punto de contarnos una de las historias más maravillosas que había oído yo en mi vida: El origen del mundo según la mitología māori.

Ahora, yo no me acuerdo exactamente de la narración del abuelo porque fue hace muchos años y yo ya estoy anciano, así que la única neurona que me queda no me da. Lo que sí voy a hacer es tratar de contarles la historia de Rangi y Papa que fue la misma historia que me contó el abuelo māori aquella noche en Rotorua. Claro, a mí me tocó hacer una investigación exhaustiva que incluyó un gran número de horas traduciendo nombres extraños desde el māori al español y buscando datos que me faltaban en la historia. Veremos si el resultado final tiene sentido. Traigan café porque uno no puede leer sobre la creación del mundo sin algo de cafeína en el cuerpo… se los dice un colombiano así que hagan caso. Empezamos:

De los nombres de los cielos

Los cielos que están sobre nosotros son doce y sus nombres son los siguientes:

1.  Tikitiki-o-nga-rangi    7.  Tauru-rangi
2.  Tiritiri-o-matangi    8.  Rangi-mata-wai
3.  Rangi-naonao-ariki    9.  Rangi-maire-kura
4.  Rangi-te-wanawana    10.  Rangi-parauri
5.  Rangi-nui-ka-tika    11.  Rangi-tamaku
6.  Rangi-mata-ura    12.  Rangi-nui

Los Cielos en la tabla están en el mismo orden en el que se ubican sobre nosotros (siendo el primero el origen de todo el universo y el último el cielo que conocemos y que está ubicado más cerca de la tierra). Esos doce Cielos son los lugares donde los Apa-atua (los Dioses mensajeros de cada cielo) se mueven constantemente y habitan. Sólo existe un Cielo que no puede ser alcanzado por estos Apa-atua y es el Tikitiki-o-nga-rangi; es el más sagrado de todos los cielos y sólo Io (el que siempre ha existido sin principio ni fin, el Dios supremo) con los Apa-Whatu-Kura (la compañía de Dioses masculinos) y Apa-Marei-Kura (la compañía de Diosas femeninas) de ese cielo pueden existir en él. Sin embargo, los Apa-Whatu-kura y Apa-Marei-kura pueden entrar a todos los demás cielos e incluso a la tierra… lo que no pueden hacer es entrar al cielo supremo sin permiso de Io.

El matrimonio del Cielo y la Tierra

Un día, Rangi-nui (el cielo que está sobre nosotros más cerca a la tierra) sintió un deseo muy fuerte por Papa-tua-nuku (la tierra) cuyo ombligo apuntaba siempre hacia arriba. La deseó para que fuera su esposa y así, Rangi descendió hacia Papa. Durante esa época, la luz en el universo era inexistente y la oscuridad absoluta – conocida como po-kutikuti kakarauri – dominaba todos los doce cielos. No había sol, no había luna, no había estrellas, no había nubes, no había luz, no había aire… sólo una quietud y oscuridad total y absoluta.

Imágenes de Rangi y Papa talladas en madera por los māori de la Isla del Norte en Nueva Zelanda (Fuente)

Rangi-nui, entonces, se unió con Papa-tua-nuku y empezó a vivir con ella como su esposa. Luego, procedió a sembrar algunas plantas para cubrir la desnudez de Papa… para sus axilas, su cabeza y su cuerpo, y después, sembró algunos árboles más pequeños para vestirlos a ellos dos… el cuerpo de la tierra ya no estaba desnudo. Posteriormente, ubicó los árboles verticales y altos del bosque y, gracias a ellos, ahora Papa sentía un calor que se esparcía por toda la tierra. Luego, Rangi creó los insectos de todas las clases conocidos como aitanga-pekepeketua (los ancestros del tuatara, el gran lagarto) para que se apropiaran de todos los espacios entre la pequeña vegetación, las hendiduras de los árboles y la wao-tu-rangi, es decir, los grandes árboles de la jungla cuyas cabezas tocaban los cielos. Luego vinieron los cangrejos, los mejillones y demás criaturas similares con caparazones y conchas que llegarían a animar las aguas de la tierra… Y así continuaron hasta crear todos los seres que habitan el planeta y adornan el cuerpo de la madre tierra.

La creación de los Dioses

Después de que todas las criaturas habían sido plantadas por Rangi-nui en el cuerpo de Papa, ellos procedieron a crear su propia descendencia, es decir, los Dioses. Los ojos fueron creados primero y luego la “casa” para albergarlos, es decir, la cabeza. Luego vinieron el torso y el cuerpo para terminar con las piernas de acuerdo con el tamaño y forma de cada uno.

Como Rangi-nui cubrió completamente de hijos a Papa, ninguno de ellos podía crecer o madurar, ninguno de ellos podría reproducirse o incrementarse; estaban en una condición inestable, flotando en el Ao-pouri (el mundo de la oscuridad). Muchos de ellos se arrastraban por el suelo como los lagartos, algunos se habían parado y tenían los brazos en el aire, otros estaban postrados sobre sus rodillas, otros estaban acostados y estirados sobre sus espaldas, otros con sus cabezas hacia abajo, algunos se abrazaban, otros pateaban y golpeaban con sus brazos y piernas, algunos inhalaban fuertemente, otros tenían dificultades para respirar, algunos caminaban, otros gateaban… pero todos estaban ubicados dentro del abrazo que se daban Rangi y Papa.  En total, fueron 70 hijos de Rangi y Papa, todos de sexo masculino.

La era de la oscuridad y el caos

Los nuevos dioses, hijos de Rangi y Papa, permanecieron confinados al espacio creado por el abrazo de sus padres durante 7  (eras o espacios de tiempo) hasta que, un día, un pequeño rayo de luz, diminuto como el resplandor de las estrellas más lejanas, fue visto desde el interior del abrazo. Ese rayo de luz generaría el deseo de los nuevos dioses de abandonar el espacio entre sus padres y perseguir la luz que habían visto. Algunos de los dioses estuvieron de acuerdo pero otros no y esto generó una importante confrontación entre ellos. Lo que sí está claro es que Uru-te-ngangana, el primogénito, había sido persuadido para perseguir la luz.

Unión y Separación

Cansados de estar atrapados entre sus padres, las discusiones entre sus 70 hijos crecieron. Muchos de ellos querían ver la luz, otros estaban cómodos en la seguridad de lo que había sido su hogar por 7 Pō. Había diferentes agumentos, Tūmatauenga (el más valiente de todos los hijos) propuso que la mejor solución a su problema era matar a sus padres. Su hermano Tāne, sin embargo, estuvo en desacuerdo y propuso que los separaran de tal forma que Rangi fuera un extraño en el cielo sobre ellos mientras Papa, la madre tierra, permanecería debajo de ellos para alimentarlos y protegerlos. La mayoría estuvo de acuerdo con Tāne y pusieron el plan en marcha. Rongo, el dios de la comida cultivada, empezó empujando para tratar de separar a sus padres y luego fue acompañado por Tangaroa, el dios de los mares, y su hermano Haumia-tiketike, el dios de la comida salvaje. Pero, a pesar de sus esfuerzos conjuntos, Rangi y Papa continuaban juntos en su abrazo de amor. Luego de muchos intentos, Tāne, dios de las selvas y las aves, empujó fuertemente hasta que logró separar a sus padres. En lugar de ponerse de pie y empujar con sus manos como sus hermanos lo habían hecho, él se acostó en su espalda y los empujó con sus fuertes piernas… estirando cada músculo, Tāne empujó y empujó hasta que Rangi Papa fueron separados en medio de gritos de dolor y tristeza.

Estampilla neozelandesa que ilustra el momento en el que Tāne separa a sus padres Rangi y Papa (Fuente)

La Guerra en el Cielo y en la Tierra

Y así, los hijos de Rangi Papa vieron la luz y tuvieron espacio para moverse por primera vez. Ahora, mientras la mayoría de los hijos había estado de acuerdo con la separación, Tāwhirimātea, el dios de las tormentas y los vientos, estaba extremadamente enojado al ver que sus padres habían sido separados. No podía tolerar los llantos de sus padres o las lágrimas de Rangi al ser separada de su amor. Acto seguido, prometió a sus hermanos que, a partir de ese momento, tendrían que soportar su ira permanente. Entonces Tāwhirimātea voló hacia los cielos a encontrarse con Rangi, su padre, y allí cuidadosamente organizó a su descendencia que incluía 4 vientos y cada uno de ellos fue enviado a uno de los extremos de la tierra. Para pelear con sus hermanos, Tāwhirimātea organizó su ejército de hijos – vientos y nubes de diferentes clases, ráfagas feroces, torbellinos y huracanes, nubes gruesas y sombrías, lluvias y truenos, tornados y neblinas. Y mientras estos vientos mostraban su poder, el polvo volaba por los aires y los árboles de las imponentes selvas de Tāne eran destruidos por el ataque y caían sobre el suelo para convertirse en alimentos en descomposición para los insectos.

Luego Tāwhirimātea ataca los océanos y hace que las olas crezcan sin control formando tobellinos. Tangaroa, el dios de los mares, huye presa del pánico. Punga, hijo de Tangaroa, tenía dos hijos: Ikatere, padre de los peces y Tu-te-wehiwehi, ancestro de los reptiles. Aterrorizados por la furia de Tāwhirimātea, los peces buscaron refugio en el mar y los reptiles en las selvas… y desde entonces, Tangaroa ha estado furioso con Tāne por haberle dado refugio a sus hijos luego de la huida. Tanto así, que a partir de ese momento Tāne ha dotado a los descendientes de Tūmatauenga, el hermano mayor, de canoas, anzuelos y redes para cazar a los descendientes de Tangaroa. La venganza de Tangaroa consiste en inundar las costas para llevarse canoas, casas, tierra y árboles que se encuentran cerca del mar.

Después, Tāwhirimātea ataca a sus hermanos Rongo y Haumia-tiketike, los dioses de los alimentos cultivados y salvajes. Rongo Haumia estaban aterrorizados del poder de su hermano Tāwhirimātea pero, mientras planea su ataque, Papa decide conservarlos para que sus otros hijos puedan alimentarse y procede a esconderlos en un lugar tan recóndito que Tāwhirimātea nunca los puede encontrar. Así, la próxima víctima de Tāwhirimātea sería su hermano mayor Tūmatauenga… él usa toda su fuerza pero Tūmatauenga resulta mucho más fuerte que él, se pone de pie, lo enfrenta y gana la batalla. Sería entonces Tūmatauenga, el dios de la humanidad, el único capaz de calmar a Tāwhirimātea y a sus demás hermanos para hacer que la paz finalmente prevaleciera en el universo.

Pensando en la responsabilidad que tuvo Tāne en la separación de sus padres, Tūmatauenga decide hacer trampas para cazar los pájaros, es decir, los hijos de Tāne que ya no podrían volar. Luego fabricó redes con las plantas de la selva y las tiró al mar para que los hijos de Tangaroa pronto yacieran en montones sobre la orilla. Después hizo azadones para cavar la tierra y así capturar a sus hermanos Rongo y Haumia-tiketike que habían sido escondidos en las profundidades de la madre tierra y, luego de ser reconocidos por los largos cabellos que permanecieron sobre la superficie, los arrancó y los puso en una cesta para ser ingeridos. Así, Tūmatauenga termina comiendo a todos sus hermanos para vengar su cobardía al no haber accedido a matar a sus padres… El único hermano que no fue ingerido por Tūmatauenga fue Tāwhirimātea quien aún hoy ataca a la humanidad con sus tormentas y huracanes.

Y ésta, damas y caballeros, es la historia de Rangi Papa, el origen del mundo según la mitología māori. Una historia que oí de los labios de un abuelo māorí hace más de 14 años en Nueva Zelanda y que aún disfruto cada vez que leo. Aquella noche, nuestro narrador terminó la historia con una caminata por los bosques alrededor del hotel en Rotorua en la que nos mostró a cada uno de los dioses de la mitología māori… sin duda, un plan mucho mejor que ver el Haka hecho específicamente para turistas, ¿no creen? Y bueno, hasta aquí llegamos por hoy. Espero que la historia les haya gustado tanto como a mí y nos vemos en una próxima oportunidad… ¡Adiós pues!

PD: Como fuimos violados por la tradición occidental de la escritura y esa vaina venía con reglas, les dejo las páginas de donde saqué gran parte de la información de hoy por aquello de los derechos de autor:

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14 pensamientos en “Mitología del Pacífico Sur: El origen del mundo según los Māori

  1. Sandra dice:

    Que historia! gracias por compartir tan bella historia claro que me la imagino contada por el abuelo debe quedar uno sin aliento.

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  2. Me trae recuerdos de una de las épocas más felices de mi vida. La historia del abuelo debió comenzar con “En el tiempo de los sueños…”

    Rangi llora cada noche desde que lo separaron de Papa. Esas lágrimas son el rocío de cada mañana. Y papa suspira añorando la época en que no estaba separada de Rangi. Esos suspiros son la niebla.

    En la “Enciclopedia de las cosas que nunca existieron” a Tumatawenga, el dios hombre, lo llaman “Tu el del rostro furioso”

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  3. krankermond dice:

    El imago mundi es tan antropológico como la geografía misma. Aunque no estoy completamente a favor ni en contra de las comparaciones, y no conozco mucho de literatura comparada, ni de mitología comparada, sí puedo decir que la mitología de los antiguos germanos -al igual que la de otros pueblos indoeuropeos, como los griegos-, la china, y la yoruba tiene muchos puntos de contacto con la tradición maori que aqui nos presentas: el vacío primordial (el gigungagap) de los germanos; el gigante Ymir (parecido al gigante chino Pangu) desmembrado para formar la tierra; las fuerzas agresivas de la naturaleza aqui son los vientos y las mareas personificados, cuyo equivalente germano son los gigantes y entre los protogriegos, los titanes. Canibalismo entre miembros de la misma familia, como Cronos tragándose a sus hijos. Pero no quiero sonar eurocentrista. La idea de los múltiples cielos de los maori es como la de los mayas (que también tenían múltiples infiernos). El totemismo y las deidades ctonianas también están bien representadas. En suma, un corpus mitológico rico y complejo con todos los temás escenciales que componen el pensamiento cosmogónico de la humanidad pasada, presente (muchas de nuestras respuestas científicas sobre el universo tambien son producto de nuestra imaginación), y ¿futura?

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    • ¡Maravilloso Krankermond! Yo la verdad no sé mucho de mitología europea (tengo que confesar que, como me gusta más el sur, he leído mucho más de África y Oceanía que de Europa)… Yo había encontrado algunos elementos similares con las culturas prehispánicas americanas… Incluso, en las culturas Caribe, Wayúu o Tayrina de Colombia encuentras elementos similares con los del pacífico sur. Pero claramente no tenía conocimiento de las similitudes que mencionaste con Europa. Muchas gracias por el comentario. Saludos.

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  4. […] El origen del mundo según los Māori […]

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  5. Juliana Ramirez dice:

    WOW! Que buena introducción, que buena historia!!. Definitivamente muy buena entrada. Es tan solo imaginar esto y sentirse ahí! Recordar madrugadas, esa donde los abuelos toman tinto y cuentan cosas sorprendentes. Como siempre lo he dicho, es aprender cosas todos los días en este blog! Bien señor. Hoy es cultura!

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  6. Este relato me hace recordar mucho a los de algunos pueblos indígenas Colombianos… me gustó!! gracias.

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  7. Me cautivo mucho la historia, así como un comentario que hicieron arriba, excelente entrada, entra en el top de las que más me ha gustado. Gracias

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  8. […] Aparte de esto la comunidad maorí, al no sentirse identificada con el pabellón nacional (por tener clarísimos símbolos de sus colonizadores), cuenta con su propia bandera llamada Tino Rangatiratanga (o bandera de la independencia maorí) que tiene tres franjas (que están muy relacionadas con el mito maorí de la creación del mundo que puede leer aquí): […]

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  9. […] Mitología del Pacífico Sur: el origen del mundo según los Māori […]

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  10. […] ¡Son muy ruidosas! Hay aves nativas en todas partes, muchas más que en el continente (que es como llamamos a las islas principales, la Isla del Norte y la Isla del Sur de Nueva Zelanda). ¿Tal vez la parte continental alguna una vez fue así antes de presencia de los humanos? (Nota del Blog de Banderas: Y aquí puede que les interese esta entrada que hice hace algunos años sobre “Mitología del Pacífico Sur: El origen del mundo según los Māori“). […]

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