Y la primera entrada del nuevo año nos la envía desde Santiago de Chile un viejo amigo mío y conocido por ustedes en el Blog de Banderas, el señor Coke González que, después del fallo de la Corte Internacional de Justicia sobre la frontera entre Chile y Perú, nos envía el siguiente texto. Pero antes de empezar, les dejo mi entrada sobre el fallo de la CIJ sobre la frontera marítima entre Colombia y Nicaragua titulado: “Mi primera noche en un país más pequeño… Colombia y su pérdida de aguas en el Caribe“… de pronto les puede interesar. Ahora sí, sin más preámbulos, los dejo con Coke y su artículo titulado:


Yo también vivo en un país más pequeño que ayer… ¿O no?
Por: Coke González

Seré sincero: durante la madrugada de lunes 27 de enero de 2014, abracé a mi mujer porque amanecí asustado. Durante esa noche había tenido una pesadilla muy absurda: que un grupo de periodistas chilenos como yo viajaba a Gibraltar –sí: ¡Gibraltar!- a la espera del fallo de la Corte Internacional de Justicia por la demanda nacional para hacerse de la posesión del Reino Unido. Como si ya fuera poca mi diarrea mental, durante este sueño nos refugiábamos en una especie de trinchera pavimentada cuando caía la noche y abruptamente aparecieron aviones de guerra británicos que nos atacaban, lanzando… cubos de plástico. Uno de ellos hirió en la cabeza a mi amada esposa. Ahí, en plena catástrofe, el jefe de la comitiva chilena (que curiosamente era mi editor) determinó la retirada de Gibraltar y que con eso Chile desistía de sus aspiraciones soberanas sobre el Peñón.

Obviamente estoy loco. Demasiado loco. Pero eso me pasa por haber leído tanta bravata en twitter durante la noche anterior: que el ejército chileno debía avanzar hasta la frontera con Perú e invadir al vecino luego del fallo en La Haya, alcancé a leer por ahí. Lo que pensé que era un desquicio terminó siendo una opinión bastante aceptada en ciertas personas que me topé en la mañana. Incluso se registraron condenables ofensas de neonazis chilenos – perdón mundo, pero los hay – contra ciudadanos peruanos en la Plaza de Armas de Santiago. ¡Válgame Dios! Casus belli para una determinación que, le guste a quien le guste, se acogía a derecho. Y en una institución que pertenece a las Naciones Unidas y que Chile solito aceptó someterse luego de firmar el Pacto de Bogotá en 1948 .

En efecto, tras la determinación de la Corte Internacional de Justicia emplazada en Países Bajos, Chile perdió aproximadamente 22.500 kilómetros cuadrados de Zona Económica Exclusiva. Casi como toda la superficie de Djibouti. Claro que el nuevo trazado diseñado por los pomposos jueces de La Haya no quitó ni un centímetro al mar territorial chileno, por lo que no se puede hablar de pérdida de soberanía. Sin embargo, en Perú no entienden lo mismo porque el trozo arrebatado a Chile más lo que se denominó “triángulo exterior” (unos 28.595 kilómetros cuadrados; o sea, como toda Albania) en Lima es considerado como soberanía por completo dado que ellos no han firmado la Convención del Mar de 1982, que establece la división de las aguas. Para la mayoría, pedazos inútiles de agua porque la mayoría de la actividad pesquera se concentra en las primeras cuarenta millas. Yo preferiría actuar sobre otra lógica: la geopolítica, que es la que a mí me apasiona y es la que convoca a leer este noble blog. Y creo que en ese ámbito, Chile perdió. Poco, pero perdió.

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Zonas marítimas de acuerdo a la Convención del Mar de Naciones Unidas (Fuente)

1. TRATADOS PERMEABLES

El analista internacional Raúl Söhr – un gran señor, tuve la oportunidad de trabajar con él – lo había advertido hace unos días: el primer gran dilema a resolver en el juicio es saber si hay tratados o no. Es decir, si tenían validez los grandes pilares en los que se cimentaba la defensa de la posición chilena. Recuerdo claramente cuando hace años, el entonces canciller Alejandro Foxley vociferaba tajantemente que el país no mantenía temas limítrofes pendientes con Perú porque todo se basaba en lo que estaba estipulado entre ambas naciones. Y eso principalmente tenía que ver con la Declaración de la Zona Marítima (también llamada “Declaración de Santiago”) de 1952 y el posterior Convenio sobre Zona Especial Fronteriza Marina de 1954. Justamente el tribunal el día de hoy ha declarado que en el primer tratado no hay referencia explícita al tema fronterizo y el segundo sí tiene algo de incumbencia con Chile (aunque Perú afirmara que lo suscribió sólo con Ecuador), aunque de ningún modo establece la extensión de doscientas millas marinas como siempre lo pretendió La Moneda.

Aquí me cabe la reflexión: ¿dónde estaba lo inexpugnable de los acuerdos que, con tanto alarde, le servían a Chile? O sea, los dos bastiones que para Chile funcionaban como axiomas, resulta que La Haya concedió la razón a la mitad de uno. Con suerte. Por algo el analista argentino Pablo Lacoste afirmó en TVN que “la gran derrota chilena no era ahora, sino que ya fue en 2008”. Desde mi parecer, absolutamente cierto: si efectivamente los tratados limítrofes eran tan válidos, ¿por qué entonces la Corte acogió la demanda peruana? De haber sido tan tajantes y claros, una institución tan respetada como el tribunal ni siquiera debió haber dado a lugar las pretensiones incaicas. Pero no fue así: si la Corte aceptó el requerimiento, era porque los acuerdos no eran tan claros. Y así quedó demostrado tras la lectura del fallo. Distinto a lo que Chile siempre intentó hacer creer. El resto – lo de este lunes – era esperar si esa caída de hace seis años se hacía más profunda.


2. ALIADOS NO TAN ALIADOS

Dentro de la defensa chilena, el mentado tratado de 1954 establecía la aparición de un tercer país que a la postre sería fundamental para resolver el entuerto: Ecuador. Primero, porque en aquel Convenio sobre Zona Especial Fronteriza Marina se certificaba entre las tres naciones andinas la creación de una “Comisión Permanente de la Conferencia sobre Explotación y Conservación de las Riquezas Marítimas del Pacífico Sur”, remitida al ámbito de acción basado en el paralelo que fijaba las fronteras acuáticas . Perú argumentó en La Haya que este acuerdo sólo le servía para fijar su límite con los ecuatorianos y no con Chile, cosa que la Corte rechazó. Lo curioso es que la frontera marina entre Perú y Ecuador también es un paralelo, cuestión que servía como precedente para la defensa de los comisionados australes – sí: ocupé un sinónimo para “chileno”, aunque el sitio en disputa nada tiene de austral -.

Mapa de la frontera marítima entre Ecuador y Perú (Fuente)

El punto es saber qué tanta conveniencia tenía para Chile aferrarse a esa conjetura. Y esto lo digo al saber cómo se consolidó el límite entre peruanos y ecuatorianos: posterior a la demanda del gobierno de Alan García ante La Haya. ¿Qué significa esto? Simple: Ecuador accedió a generar el nuevo acuerdo, siempre y cuando no le tocaran su línea recta. Y Perú aceptó . ¿Para qué? Al redactar un nuevo tratado, quedaba estipulado que el de 1954 requería revisión. Ahí, creo yo, fueron muy astutos los peruanos: forzaba a las dudas de la Corte, lo cual en parte les funcionó. Y de paso mantenían a raya a un antiguo adversario que hoy más parece amigo de ellos que de Chile.

¿Por qué digo esto? Primero, porque estas dos naciones se abuenan en materia limítrofe pese a que tuvieron un conflicto armado en 1995 (la Guerra de Alto Cenepa, recuerden ). Curioso aunque es lo que corresponde. Sin embargo, Perú acudió a La Haya para zanjar su diferendo con Chile. ¿Era necesario que dos naciones hermanas tuviesen que llegar a una corte judicial? ¿Qué tanto pudo haber influido la ayudita ecuatoriana al reafirmar sus límites marítimos en 2011? Y perdonen la desconfianza pero, ¿para qué lado ahora tira Ecuador en el afán de Bolivia por una salida al mar –la otra piedra en el zapato que le queda a Chile-? Basta saber qué fue lo que aseguró su presidente Rafael Correa hace algunos meses: “Que se haga justicia con nuestra querida Bolivia”, insistió .

Sin embargo, no pretendo ensañarme con los ecuatorianos ni con nadie extranjero: acá hay gran responsabilidad de la diplomacia chilena, por menospreciar las aspiraciones de los otros y remitirse con ínfulas a sus propios postulados. Fue lo que expliqué en el punto anterior y es, además, lo que pronunció el maestro Fernando Paulsen –otro con quien compartí- en radio ADN: “al creer que tú tienes todo resuelto, no significa que el resto no tenga cosas pendientes contigo”, le escuché la semana pasada. Esa conducta viene desde hace mucho tiempo. Tanto que por eso mismo se prendió la mecha en 1986: el “Memorándum Bákula” nació porque Jaime del Valle, el canciller de la dictadura chilena en ese entonces, le pidió que su pretensión se la notificara por escrito . ¡Por escrito! Un precedente que el principio de lo que decidió este lunes la Corte. Por eso me da tanta risa (y pena, al mismo tiempo) que haya gente que asegura que “con Pinochet no pasaban estas cosas porque mandaba al ejército a la frontera”: justamente la dejación del gobierno del tirano derivó en que hoy a Chile le restaran un trozo de mar algo mayor a toda la Región de Los Ríos … Ay mamá. Del mismo modo, las relaciones exteriores chilenas parecen estar más consolidadas con México y Colombia por aspectos comerciales más que por aspirar a la buena vecindad con los países aledaños.


3. CHAUVINISMO EXCESIVO

Y aquí hago hincapié de que se trata de una conducta que lamentablemente sucede en ambos lados: qué sé yo de dónde radica tanta animadversión con el vecino país. La mayoría tiende a pensar que se trató de la Guerra del Pacífico, pero se ha exacerbado a lo largo del tiempo: que acá queremos invadirlos, que allá son resentidos, que acá les damos de comer, que allá pelean por el pisco… Pura basura barata que no debería existir entre dos pueblos hermanos. Y eso queda reflejado en la integración que existe entre las ciudades fronterizas de Tacna y Arica, cuya reciprocidad siempre estuvo sin discusión, al margen del fallo. Pero claro: es más fácil exacerbar desde Santiago o Lima un problema que puede dañar enormemente a quienes viven cotidianamente juntos.

Junto con generar insidia, el chauvinismo deriva en dos conductas reprochables: la primera es la creación abundante de material patriótico sin mérito alguno. Es decir, es muy fácil ser defensores de causas ganadas. Qué gracia, eh. Y no porque sea chileno lo diré, pero se apreció mucho más desde el lado de arriba de la Línea de la Concordia: Ollanta Humala se jactaba de haber ganado “el setenta por ciento de lo demandado”. Perdón, pero ¿qué juicio vio? Ya: está bien que este chiflado servidor analice lo que a su juicio es la derrota chilena, pero tampoco que el presidente peruano se suba en el carro de la victoria: de todo lo que se le cedió a Perú, el famoso “triángulo exterior” nunca fue discutido por Chile porque pertenecía a su altamar. En tanto, lo que le correspondía a su vecino fue una fracción lejana al mar territorial, que era lo que más preocupaba a Chile. Por el contrario, en donde la posición incáica parecía más fuerte era en el establecimiento del Punto Concordia en tierra y ahí perdió por paliza.

Punto Concordia (Fuente)

Y también muy chilenamente podré afirmar el segundo proceder del chauvinismo, que desde mi modo de ver es el que provoca tanto daño en mi país: la incapacidad de ver el defecto propio y reflejar esa frustración en el otro. Resultó muy triste ver recién ahora a muchas autoridades que viajaron a Arica para garantizar tranquilidad a la población, en circunstancias que ese puerto fronterizo vive en el desamparo del gobierno central hace mucho tiempo. ¿Por qué Tacna crece y se desarrolla a pasos agigantados, mientras la ciudad de la “Eterna Primavera” se empobrece cada vez más? Claro: cuando apremia la urgencia, ahí recién viajan y flamean banderas, pero cuando hay que apoyar, ni maní. Y aunque estaban en lo correcto, en Chile se planteó como “un problema de Estado” la defensa de aquel pedazo de mar que, por causa de la Ley de Pesca, era explotado mayormente por Corpesca, empresa de la multimillonaria familia Angelini. Lo intragable, en este punto, no es que el Estado defienda lo suyo – lo cual es lo que corresponde -, sino que cómo grandes conglomerados se apropian de enormes fracciones de territorio. Pero claro: hagámosle creer a la gente que ese mar es de todos, que ondee banderas, que cante el himno y que estuviese pendiente de la tele mientras no entendían ni jota de la hora y media que se leyó de fallo. Y si Chile perdía – como finalmente sucedió – entonces bah, no importa, digámosle que esos litros de agua no sirven para nada. Desde esa lógica, entonces cedamos parte del desierto por árido o parte de los hielos del sur porque son muy fríos…

Lo siento: Chile ha perdido algo más que mar en La Haya. Lo peor de todo es que hace rato seguimos perdidos.

Mapa de la frontera marítima entre Chile y Perú después del Fallo de la Corte Internacional de Justicia (Fuente)

RESEÑA:

Coke González es periodista chileno, titulado de la Universidad de Chile. Es reportero y presentador de CDF Noticias. Autor del libro “Marcianitas Campeonas”, que narra la obtención del título mundial de la selección chilena femenina de hockey patín. Si bien su rubro es el deporte, su pasión por la geopolítica lo trajo hasta el Blog de Banderas, en el que ha colaborado con entradas anteriores. Su twitter es @coke_deportes.

PD: Pueden leer los demás artículos de Coke González en el Blog de Banderas a continuación: