Yo les había dicho a ustedes que en el Blog de Banderas nos gusta el escándalo y ya se los había demostrado en la última entrada en la que el señor @jmaquino nos habló de la relación entre el porno y el origen de la bandera de Colombia. Pues hoy volvemos con los temas escandalosos pero esta vez de la mano del señor Juan D. Echavarría (@witout_at en tuíter) quien sacó tiempo de su apretada agenda para enviarnos una entrada sobre el origen del Conflicto Árabe-Israelí… sin duda un tema espinoso. Y ustedes se preguntarán: Si hay tantos textos sobre este tema en Internet, ¿qué llevó al buen mapache a publicar uno más? Pues justamente eso: éste no es uno más de los textos sobre los orígenes del Conflicto Árabe-Israelí. ¿Pero por qué no? Pues por 2 razones: 1.Yo hace mucho tiempo no me reía tanto con un artículo que hablara de los múltiples personajes de la biblia – un tema bastante aburrido por demás – y de sus respectivas vidas sexuales; y 2. Porque al final nos pone a pensar sobre un tema que hoy nos inunda las pantallas de nuestros televisores pero que no nos hemos tomado el tiempo de analizar como es debido. Ustedes pueden estar o no de acuerdo con lo que dice Juan pero como yo no creo en la censura – sólo en la de los curazoleños que me insultan a diario por dar mi opinión sobre su isla -, lo publicaré tal cual me lo mandó. Así que, sin más preámbulos, vamos con la entrada titulada: “Ni Israel ni Palestina: el origen del conflicto desde la religión y la vida sexual de nuestros antepasados”.


Ni Israel ni Palestina: el origen del conflicto desde la religión y la vida sexual de nuestros antepasados

Por: Juan D. Echavarría

“Dios no es amor. Dios es odio” —Fernando Vallejo. : La puta de Babilonia.

Vaya adagio tan acertado nos regaló el excelentísimo escritor antioqueño, adjunto en uno de mis libros preferidos. Tiene muchas razones, pues, el dueño de estas palabras para hacerlas expresas: las evidencias están a la vuelta de la esquina.

Antes de exponer aquí mis opiniones acerca del tema que estoy por tratar quiero dejar claro un par de cosas:

1. Yo no pertenezco a ningún grupo, secta o movimiento religioso. Alguna vez sí “fui” cristiano (el “fui” entre comillas porque tenía trece años y era más por impresionar a mis padres, que todavía son fervientes seguidores del Señor) pero eso fue hace ya tiempo. Por lo tanto hablo desde una perspectiva neutra que me impide tomar preferencias.

2. Aunque hay un respaldo histórico, esto no es un ensayo académico. Todos los hechos  mencionados a continuación son reales y pueden ustedes comprobarlos con la fuente bibliográfica o cibergráfica que consideren más confiable (incluso la biblia, si así lo desea). Esto significa que lo que están a punto de leer son simples opiniones personales apoyadas en sucesos históricos.

El conflicto árabe-israelí es un asunto demasiado denso. No es algo reciente sin embargo permanece latente. La importancia que se le ha restado a lo que hoy padecen los palestinos se debe, quizá, al costumbrismo al que los siglos de refriegas han permitido llegar. Guerra y medio oriente son redundancia, parte de la cotidianidad, a nadie le importan las razones o los fines. La ignorancia también tiene su parte: muy pocas personas pueden siquiera ubicar Israel en un mapa.

¿Qué tal si empezamos con los antecedentes? Para entender a cabalidad el actual conflicto, nos tenemos que remontar a… el arca de Noé. Sí señores, hasta por allá se nos va la mano a la hora de hablar del asunto. Cuenta el libro del génesis que hace mucho tiempo hubo un diluvio universal, que pretendía acabar con la maldad en el mundo (tremendo fracaso) así que dios, en su infinita omnipotencia, buscó a la persona que en su incuestionable juicio consideraba más adecuada –Don Noé– para que junto con su familia –su mujer, Emzara; sus hijos, Sem, Jafet, Cam y las mujeres de sus hijos– repoblara el mundo y éste no se quedara sin la maravillosa presencia de nosotros, los seres humanos, que bastante bien le hacemos a nuestra querida tierrita. Noé muy obediente construyó un arca y metió una cantidad de animales en ella (incluyéndose). Acaeció que llovió por 40 días y 40 noches y finalmente encallaron en el monte Ararat, que queda en lo que hoy es la frontera entre Turquía y Armenia. Muy feliz, Don Noé, decidió que luego de su maravillosa hazaña era tiempo de celebrar, después de todo era el elegido de dios, eso merecía unas copas. Se las tomó todas y en medio de su embriaguez se empelotó. Antes (y todavía en algunas de las partes más extremistas del mundo) la desnudez era vista como deshonra y Cam, el hijo menor de Noé corrió con la mala suerte de pasar por ahí y verle el miembro al aire a su queridísimo padre. Como era apenas un niño, Cam se rió, sabrá dios qué le hizo gracias y sus hermanos se dieron cuenta de la catastrófica escena. A continuación, Sem y Jafet cubrieron a su papá evitando verle las pálidas nalgas. Al día siguiente, en medio de una intensa resaca (de esas que da el vino), Noé maldijo a Cam y a toda su descendencia por el chistesito y bendijo a Sem. El problema es que “maldecir” era sinónimo de “desheredar” a la vez que se condenaba a ser el siervo del bendito. Aquí se empieza a partir la vaina, como esta gente fue la que supuestamente pobló la tierra había dos tipos de personas: las malditas y las benditas y comenzaron los disgustos entre sí, quizá porque era injusto, pero las cosas no cambiaron mucho.

Posteriormente, de los hijos de los hijos de Sem, nació Abraham. Un viejo que tenía como esposa una estéril, Sara. Ella, de naturaleza altruista le dijo algo como “ve, acostate con mi sierva pa’ que podás tener un hijo, ya que yo no puedo dártelo”. Fue así como Abraham, un descendiente de Sem yació con Agar, una descendiente Cam, o sea, maldita. De esta unión nació Ismael. Pero como a dios no le gustan las comedias románticas si no los thrillers llenos de gore, le puso picante a la historia: le dio por decidir, ya tarde y cuando no se usaba, que Sara sí iba a poder tener hijos y emocionadísimo Abraham no demoró en fecundarla. Así nació Isaac. Como Abraham ya tenía a Isaac que no tenía la sangre de los malditos, de nada le servía el peladito Ismael, entonces le dijo muy amablemente a Agar que agarrara los chiros, el niño y se fuera para el desierto, que ya no la quería ver ahí. Quién sabe cómo sobrevivieron esos dos… Según los amantes de la literatura fantástica, dios les proveyó de agua durante su estadía en el desierto.

Aquí debo aclarar algo: ésta es la versión de la biblia cristiana y de la torá judía. Si uno se para desde el otro lado, esto es, del musulmán, cuentan la historia al revés, es decir, que el maldito fue Sem y el bendito fue Cam, por lo que el primogénito de Abraham, Ismael, de cuya descendencia nacería el queridísimo Mahoma mucho después, tenía la sangre de los benditos y fue a quien dios le pidió asesinar en el monte, no Isaac. Pero eso no me corresponde a mí resolverlo, igual me parece una imbecilidad discutir sobre qué dijo el amigo imaginario de uno vs que dijo el del otro.

Bueno, vamos con la última familia que se nos tiró la vida, por lo menos de las que voy a tratar aquí. Según la tradición, Isaac tuvo mellizos con su mujer, Rebeca: Esaú, el primogénito y Jacob el segundón. Esaú era todo lo que un padre quiere: fuerte, peludo, masculino, cazador, atlético, en fin. Era el preferido de Isaac pues era su primer hijo y para el pobre Jacob había sólo desprecio. Por otro lado, Rebeca quería mucho más a Jacob que era más de la casa y no tan atlético y velludo. Un día –esto no es importante pero siempre lo cuentan entonces aquí va– llegó Esaú muerto de hambre después de un día de caza y vio que Jacob estaba haciendo lentejas, así que le dijo que por favor le diera un poco. Jacob le dijo algo como “Yo te las vendo. Te doy las lentejas a cambio de la primogenitura” ese negocio era medio rancio, a mi parecer pues hasta donde yo sé la primogenitura no se cede, sin embargo Esaú, que estaba pitando del hambre aceptó. Eso como que no le gustó a dios, en la biblia hablan de deshonra y traición. Qué bobada, yo traté de venderle mi primogenitura a mi hermano por un Bon Yurt pero él no quiso.

Luego Isaac quedó ciego y antes de morir necesitaba bendecir a su hijo preferido. Pero Rebeca ideó un plan para engañar a su esposo: mientras Esaú estaba cazando, llevó a Jacob a la cama de su padre vestido con ropas de Esaú y con pieles de cabritos le cubrió los brazos para que no se diera cuenta de que era lampiño. Isaac que, aparentemente era también sordo pues no reconoció la voz de Jacob, lo bendijo y como si ya hubiera firmado un contrato, cuando Esaú llegó y desenredó el embrollo, no había vuelta atrás.

Entonces las cosas quedaron así: Jacob, bendito, tuvo doce hijos con dos mujeres que eran hermanas. De ahí salieron las doce tribus de Israel y, por lo tanto, el judaísmo. Y dijo dios a Jacob: “Y he aquí, Yahvé estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Yahvé, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente”. (Génesis 28:13-14). Esaú, por otro lado, lleno de rabia y con muchas ganas de asesinar a su hermano, se fue para donde su tío, el despreciado con sangre de maldito, Ismael, y allí se casó con una hija de él (prima suya) y sus descendientes se establecieron entre la frontera de Egipto y el golfo Pérsico. De esta línea, como ya lo dije, nació Mahoma y de él el islam.

Árbol

Ahora, después de la clase de religión de undécimo grado, hay ciertos hechos que creo son factores importantes para entender lo que pasa hoy en día.

En Jerusalén prosperó la civilización y fue blanco de varios ataques.  Durante el reinado de Saúl, David mató a Goliat, rey de los filisteos. David se coronó como rey. Después Subió al poder Salomón, su hijo, quien construyó el Primer Templo de Jerusalén. Cuando Salomón murió, la tierra se dividió en dos: el reino de Israel al norte y el reino de Judá al sur. Gracias a la división se debilitaron y fueron invadidos por el rey de Babilonia, Nabucodonosor II, quien destruyó el Primer Templo de Israel y desterró a los judíos. A esto se le llamó “La Primera Diáspora”. Luego del éxito de los persas contra el imperio babilónico, los judíos lograron volver a Israel y construyeron el Segundo Templo de Jerusalén. Tiempo después, los cristianos querían apoderarse de la tierra donde había nacido y vivido su redentor, Cristo, entonces el rey Tito de Roma invadió la ciudad y destruyó el Segundo Templo de Jerusalén. De este templo todavía se conserva una pared en pie, “El muro de las lamentaciones”. A los judíos no les quedó de otra que irse y fue así como comenzó “La Gran Diáspora”, que duró dos mil años, la mayoría se fue a Europa.

En la imagen se aprecia La Cúpula de la Roca, donde se dice que ascendió Mahoma al cielo, en la parte inferior, el muro de las lamentaciones, sitio de peregrinaje judío (Fuente)

Bueno, para no hacer esto más largo resumamos lo que pasó en esos dos mil años de “La Gran Diáspora”: A los judíos no se les quería mucho en Europa, vaya usted a saber por qué, algunos afirman que era pura envidia porque la mayoría amasaba grandes fortunas y eran excelentes negociantes. Las corrientes antisemitas se hicieron más pronunciadas en el siglo XIX por lo que Theodor Herzl publicó su libro “Der Judenstaat” (el estado de los judíos) en el que proponía una solución al problema judío y la necesidad de un estado independiente para todos los judíos del mundo.  Por otro lado, Palestina, era simplemente una provincia de mayoría árabe-musulmana del Impero Otomano, que luego de la primera guerra mundial quedó bajo la administración del Reino Unido. Bueno, ni tan simple. Jerusalén era una joya para las tres carnicerías más poderosas del mundo: para la primera, la judía, era la tierra prometida; para la segunda, la cristiana, era la tierra donde Jesús había vivido; para la tercera, la musulmana, era desde donde el amable Mahoma había ascendido al cielo.

Después de la segunda guerra mundial las cosas no mejoraron, pues la derrota de Alemania y de sus preceptos raciales en contra del pueblo judío dejó a cien mil sobrevivientes judíos de los campos de concentración nazi. Reino Unido, hastiado de inmigrantes, cedió la administración de Palestina a la joven ONU que se encontraba en la tarea de buscar un territorio para esa cantidad de gente (entre las opciones se encontraban Panamá, Bolivia, Argentina y Palestina, siendo esta última la elegida por razones religiosas). El 29 de noviembre de 1947, la Asamblea General de la ONU aprobó la partición de Palestina en una parte árabe (46% del territorio) y una hebrea (54% del territorio) con Jerusalén como territorio internacional.

Plan de Partición de Palestina por parte de la ONU en 1947 (Fuente)

El 14 de mayo de 1948 Israel se declaró independiente, un día después ya los árabes le habían declarado la guerra. De ahí en adelante la lucha ha sido constante y similar a lo largo de los años: declaración de guerra por parte de países árabes a Israel, posterior victoria y anexión de más territorio a éste último. La guerra de independencia, la crisis del Suez, la guerra de los seis días, la guerra del Yom Kipur, todas iguales y con el mismo desenlace. Batallas desatadas por simples accidentes como “Las Intifadas I y II”. El establecimiento de grupos fundamentalistas como Hamás, Al-Fatah y Hezbollá.

Mapa de la Ocupación de Palestina desde 1878 hasta 2008 (Fuente)

Ahora pregúntense esto ¿A quién carajos le pertenece ese pedazo de tierra árida? O mejor ¿Quién cree usted que la merece más? ¿Cree usted justo que después de dos mil años de estar en un lugar llegue otro a decir que eso es de él? Es más ¿Qué culpa tiene alguien de haber nacido en un lugar donde supuestamente no pertenece?

En lo que a mí respecta, creo que esa tierra les pertenece tanto a palestinos y judíos como a mí. O sea, nada. ¿Suena, acaso, muy utópico pedir que convivamos como seres humanos, civilizados, del siglo XXI? ¡Claro que suena utópico! ¡Es imposible! Nunca vamos a dejar de matarnos como animales –que, aclaro, no lo uso como un término despectivo pues son ellos mucho más superiores a nosotros– sin razones más válidas que las que están escritas en un libro antiquísimo. ¿Cuándo nos vamos a dejar de matar por diferencias tan vanas como la fe, el género u opción sexual, raza y cosas de ese tipo? Fácil: cuando seamos éticos, tolerantes y pregonemos el amor que los tres mil dioses dicen pregonar, pero de manera sincera, sin esperar nada a cambio.

Por ahora, que sigan muriendo los niños palestinos, que sigan bombardeando Gaza, que los musulmanes sigan derribando edificios, que los cristianos sigan induciendo al suicidio a aquellos que no entran en el perfil preferido de Cristo. Así somos los hijos del señor misericordioso que se sienta allá arriba a mirar cómo nos matamos. Eso es lo que él quiere que hagamos. O lo que las personas cegadas en una fe absurda entienden. Continúen enculándose a los diferentes. Para eso somos buenos los seres humanos.

Qué mamera yo con la misantropía alborotada pero alguien tenía que decirlo. Qué bonita sería la tierra sin religiones, sin dioses-comandantes con sus órdenes asesinas, sin odio.


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