Francia Haití República Dominicana Uncategorized

El vudú, la fuente de oxígeno del pueblo haitiano

Y seguimos con lo que les había prometido… entrada diaria (o al menos cada 2 días durante la cuarentena). Yo puedo tener muchos defectos, pero decir mentiras no es uno de ellos, así que aquí estamos… tercera entrada en 3 días.

Ahora, la entrada de hoy es alucinante, fantástica, angustiante y extraña a la vez. Les cuento. Una de esas cosas maravillosas que tienen las redes sociales es que uno conoce gente loca que tiene las mismas disfuncionalidades de uno. Pues uno de esos disfuncionales es Sebastián, un colombo-cubano (¿o cubano-colombiano?) orgulloso de sus raíces caribeñas pero extrañamente tiene el acento más paisa (de Medellín) que yo jamás haya oído. Él dice que el cubano se le sale cuando le sacan el mal genio… yo lo he intentado pero él sólo tiene bondad en su corazón, así que nunca se emputa y nunca saca el cubano que lleva adentro. Yo me siento estafado pero a él poco parece importarle.

En cualquier caso, un día cualquiera empezamos a hablar de mi viaje a la cuna del vudú en Benín y Togo. Le mostré fotos del mercado vudú de Lomé (del que hablaremos en una próxima entrada), de las deidades vudú en Togoville, de mis deseos de volver a Haití a recorrer los pasos del vudú… Y así una cosa llevó a otra. Y como pocas personas saben tanto de vudú en Colombia como nuestro amigo Sebastián, pues yo lo invité a que nos escribiera algo para el blog. Lo que van a leer a continuación es una mezcla de su viaje por el norte de Haití y sus contactos con el mundo del vudú. A mí me tuvo atrapado desde el principio y espero que también lo haga con ustedes. Entonces, traigan café, acomódense y déjense llevar por Sebastián a las tierras del vudú. Eso sí, abran la cabeza y permítanse entrar en contacto con un tema que no nos es común de una forma positiva y diferente. Con ustedes:


El vudú, la fuente de oxígeno del pueblo haitiano

Mi relación con Haití se ha forjado a través de los años y tiene tantos matices que a veces puede llegar a inquietarme, obviamente en el mejor de los sentidos. Cuando pienso en este país, muchas veces lo comparo con esas personas que a medida que conoces y vas aprendiendo quién es, vas interesándote cada vez más y generando ese no sé qué, no sé dónde que es difícil de describir, pero que al final sabes que no es otra cosa que gusto.

Todos estos sentimientos se van potenciando a través de la distancia, pero cuando llegas a conocerle en persona, sabes que todo eso que sentías y pensabas es real, está allí y difícilmente podrá irse. Al final, lo que más me gusta es la admiración y el respeto que con el paso de los años he logrado sentir por quien es, por su destreza, por su esencia, por su conocimiento, por la preservación de su identidad, por sentirse tan pero tan orgulloso de quién es (sin esperar que otro se lo diga), y obviamente, por la capacidad de sobreponerse a sus desventuras, porque dudo que algún país en América Latina hubiera padecido de tantos dolores como esta increíble nación a los cuales los indígenas Taínos llamaban Tierra de Montañas, o en su lengua nativa: Haití.

El primer contacto que tuve con Haití se dio en mi juventud, cuando escuchaba las múltiples narraciones de mi abuela sobre aquellos haitianos que trabajaban en las plantaciones de café de mis antepasados en el Oriente de Cuba y cómo, especialmente las mujeres (que eran minoría en comparación a los hombres que habían migrado de la vecina República de Haití a esta región cubana), le habían enseñado sobre sus tradiciones, prácticas, tanto devocionales como espirituales, místicas y religiosas, conocidas comúnmente como Vudú o Vodú, pero que en Cuba el gran investigador Joel James Figarola (que se dedicó a estudiar los aportes de los haitianos en la cultura e identidad cubana), llamaría “Ogunismo”, término que nace por la relación que se generó en los asentamientos de haitianos y sus descendientes, especialmente en las provincias de Santiago de Cuba y Guantánamo, entre Oggún (entidad dueño de los metales, del hierro, de las armas corto punzantes y de la guerra en el panteón de la Regla de Ocha, Religión Yoruba o Santería)con la gran cantidad de “Loas” o “Lwas” (entidades del Vudú haitiano), que pertenecen a la familia de los “Ogoucomo puede ser “Ogou BalendjoOgou Batalá y el famosísimo Ogou Feray (del cual les hablaré después).

Con el paso de los años, decido vivir un tiempo en Argentina y allí trabajé en una ONG que se dedicaba a ayudar a los migrantes de diferentes lugares del mundo, especialmente africanos y haitianos que habían llegado tratando de escapar del terremoto ocurrido en aquel país. En este momento, además de recrear en persona tantas anécdotas de mi abuela, empiezo forjar estrechos lazos con estas personas, que entre su timidez y afecto, me permitían conocer un poco de su mundo, ¡pero ojo!, un poco, porque confieso que tenían mucha prevención del “blanc” (forma como nos llamaban a todos aquellos que no éramos haitianos y teníamos una melanina distinta a la suya). Esto se daba especialmente porque entendían que los “blancs” nos aprovechábamos de la forma como estos hombres y mujeres veían y concebían el mundo y los señalaban casi con intención de ridiculizarlos y menospreciarlos. Y tengo que decir que ¡detestan esa sensación de lástima que suelen encontrar en el blanc para con ellos!

Esta experiencia me permitió además vivir por primera vez aquella tensión que existe entre haitianos y dominicanos, que yo pensé que era más lo que se decía que lo que realmente sucedía pero ¡no!, parece que para muchos esta separación histórica entre el Saint Domingue francés y el Santo Domingo español (forma como se dividía la isla de La Hispaniola en la época colonial), y la canallada cometida por el dictador Trujilloquien daría la orden de exterminar en su territorio a cualquier haitiano, descendiente e incluso dominicano que pareciera uno de estos. Este suceso tiñó por días de rojo escarlata el río Dajabón que separa ambas naciones, y que también es conocido como el río Masacre. Así que las tensiones continúan hoy tan vigentes como cientos de años atrás.

SaintDomingue.360
Mapa del Santo Domingo Francés en la parte occidental de la Isla de la Española (Fuente)
Río Masacre - Frontera
Río Dajabón o Masacre

Como si esto fuera poco para despertar lo que ya no era interés sino obsesión por Haití, en Centro HabanaCuba, acudí a una Misa Espiritual (un ritual donde una persona con poder de mediumnidad y en pleno trance te habla de qué entidades o espíritus te protegen y guían); diciéndome la vidente que la entidad principal de mi cuadro espiritual era una haitiana (esta espiritista en su vida me había visto ni sabía de mi familia), y me afirmó que ella (la haitiana), iba a manifestarse cada vez más mostrándome de su vida, su cultura y de su pueblo. 

Un tiempo después, que transcurrió obviamente leyendo, conociendo a distancia y enamorándome más platónicamente de Haití, empiezo a movilizarme para dar un paso más contundente, ir a conocer en persona a este ser increíble del cual les hablé anteriormente. Sin embargo, hacerlo no era tan sencillo, la información de turismo en el país escasea, las fuentes de consulta suelen decir que este no es un lugar amigable para el visitante, que allí sólo hay miseria, pobreza, peligros, catástrofes y una religión terrorífica (esto último, por el contrario más que espantarme, me llama mucho la atención). Además, como practicante de la Religión Yoruba afro-cubana, estoy acostumbrado a ver este mismo señalamiento a mi sistema de creencias, ¡así que mala táctica de los ignorantes para hacerme desistir de conocer el país

Por esta razón, cada vez se hacía más complejo el pensar ir a la “Tierra de Montañas”, ya que la poca información, el no hablar francés y mucho menos creole, no conocer a nadie allí, el costo de los vuelos y la oferta de hospedaje, hacía parecer que Haití era un lugar esquivo para mí.

Una noche de febrero de 2018 me despierto en la madrugada y un brinco me bastó para levantarme de la cama a las casi 4 am y en “piloto automático” empecé a buscar vuelos a Santo Domingo, porque lo demás lo iba a resolver en el camino.

En menos de un mes estaba llegando a la República Dominicana, estuve un par de días y empecé a averiguar cómo era la mejor forma de llegar a Haití, pero como era de esperarse, con todos los que hablé me decían ¿a dónde?, ¿Haití?, ¿qué tú vas a ir a hacer allí?… ¡allí no hay na´!; entre desespero, impotencia y confieso, un poco de rabia, les decía: “¡SÍ, HAITÍ, QUIERO IR A HAITÍ Y ESTOY SEGURO QUE ESTÁ LLENO DE COSAS INCREÍBLES!”. Después de la pequeña tensión entre los dominicanos y el colombiano obsesionado con Haitísupe que la única empresa de buses que une a estos dos países se llama Caribe Tours, sale una vez al día desde la terminal de Santo Domingo y va a Puerto Príncipe y Cabo Haitiano (la capital y la segunda ciudad en importancia, una en el oeste y la otra en el norte del país)…¡ah!, y en teoría el viaje tardaba “6 horas”.

Pasé 3 días en Santo Domingo indagando un poco más, aventurándome a preguntar sobre Haití, su gente y las 21 Divisiones, un sistema de creencias afro-dominicano con fuerte influencia del Vudú haitiano muy practicado en el campo y los bateyes de este país. Obviamente todas las respuestas eran negativas (y no exagero). Cuando les preguntaba por el “Vudú dominicano” (si bien sabía que no es común que le llamen así los dominicanos a Las 21 Divisiones, quería ver su reacción al respecto y esto también da información), me respondían “¿Vudú?, ¡eso es cosa de haitianos!”; sin embargo, identifiqué algo interesante y es que algunos practicantes me decían “¡yo soy descendiente de haitianos!”, esto como una validación del conocimiento que pudieran tener de su sistema de creencias, o sea, como un diferenciador frente al practicante dominicano que no tenía ningún vínculo con la vecina república.

(Nota del Mapache: Y entonces cuando llegué a este punto de la historia, le escribí a Sebastián por whatsapp y le dije que no conocía las 21 divisiones… él no tuvo ningún problema en explicármelas en una nota de voz que fue la que les dejé allá arriba. Ahora, lo que uno no entiende es por qué si Sebastián es cubano, tiene ese acento paisa (de Medellín) tan marcado. Grandes misterios de la vida. En cualquier caso, yo me siento estafado y se lo dije… quería mi acento cubano en la nota de voz).

El cuarto día, bien madrugado, me fui a la terminal y busqué el puesto de Caribe Tours. La señora que vendía los pasajes era haitiana y no hablaba español: ¡bonita forma de empezar mi viaje!, además me preguntaba ¿cómo esta señora en República Dominicana vende pasajes para viajar a Haití y no habla español?; bueno, la verdad es que la respuesta es sencilla, ¡el 98% de quienes viajan son haitianos o descendientes de estos!

Le pregunté a una señora que estaba cerca si hablaba español y al decirme con un poco de recelo inicial que sí lo hablaba, le pedí que si podía comprar mi pasaje. Ya con tiquete en mano y esperando la salida del bus (solo éramos dos extranjeros entre un gran grupo de haitianos que estaban juntos esperando la salida de los buses en simultáneo para Cabo Haitiano y Puerto Príncipe), me tocan el hombro y me dicen: “¡Sak pasé!”,  y yo como “¿ah?”; “¡SAK PASÉ!” (Sí, gritadito a ver si entendía mejor); ¡no entiendo señora, disculpe!, le respondí; en lo que se voltea y me dice: ¡Ay mijo Sak pasé es como el “qué´ lo que´” (forma común como las personas en República Dominicana se saludan), si vas a ir a Haití, Blanc (nuevamente en mi vida aparecía este término), como mínimo tienes que saber saludar como se hace en el norte, otra vez ¿Sak pa?”, ¡Sak pasé! le respondí.

Khristinne (como era su nombre), me dijo que ella vivía en Ouanaminthe, pasando la frontera, o sea, al otro lado de Dajabón (¿recuerdan a Dajabón?, sí, al otro lado del río), y que tenía un primo en “Okap” (como le llaman cariñosamente a Cabo Haitiano), el cual hablaba español y era guía, así que si yo estaba dispuesto, ella lo llamaba del lado haitiano porque su tarjeta de Digicel no le agarraba señal en República Dominicana. Yo le dije que sí, qué más iba a hacer, era el mejor ofrecimiento del día ya que no conocía a nadie allí y la verdad me estaba montando en un viaje un poco irresponsable si trato de verlo objetivamente (el problema es que a Haití me cuesta verlo objetivamente).

Nos subimos al bus, iba repleto, lo habían cargado de cuanta cosa existía en República Dominicana y no se escuchaba otra cosa que creole en un tono que sobrepasaba el alto. Había gente en unos puestos atrás que conocía a los que iban adelante y claramente tenían que compartir sus percepciones y hablar de los dos “blancs” que iban en el bus (porque era común que dijeran “les blancs” y nos miraran sin ningún interés de pasar desapercibidos).

El bus va directo de Santo Domingo a Santiago de Los Caballeros, ciudad que está en el trayecto hacia el norte de la isla en búsqueda de Monte CristiDajabón. En Santiago el bus para y en la terminal había alrededor de 15 haitianos que quieren subir, pero solo hay un asiento disponible, el del copiloto. Allí tardamos casi una hora entre la negociación de unos y otros. Durante este tiempo nos dan una cajita con fríjoles, arroz, un patacón y carne de cerdo (confieso que pensé en no comerlo, pero había madrugado tanto y no había desayunado, así que dije… ¡vamos pa’ adentro!). 

Las 6 horas de viaje no eran hasta Cabo Haitiano, eran hasta Dajabón, así que yo veía el reloj y las horas pasaban y sólo esperaba no llegar de noche a Cabo Haitiano. Al adentrarnos en Dajabón percibí una gran concurrencia de gente, bultos por un lado, bultos por el otro, mujeres cargado de todo en la cabeza, incluido hasta un chivo y gallinas y lejos de parecerme incómodo, lo encontré increíble, realmente estaba emocionado…. ¡y con un poco de temor también!, no mentiré, cruzar el puente y no saber qué pasaba del río para allá era tan incierto que generaba una pugna interna entre nerviosismo y curiosidad.

Era viernes, uno de los dos días que abren la frontera (miércoles y viernes) para que los haitianos crucen libremente a vender y comprar en el Mercado Binacional de Dajabón, por lo cual transitar en la calle es casi imposible y el bus prácticamente no se movía. Como en el bus los que mayoritariamente van son haitianos (y el conductor también es haitiano, me comentaron), este se estaciona un tiempo cerca del Mercado para que antes de cruzar la gente termine de abastecerse (yo también lo hice, botellas de agua como si no volviera a ver una gota en mi vida y galletas de todas las formas, colores y sabores). Cuando iba a entrar al Mercado, Khristinne se me acerca nuevamente de forma sigilosa y me dice: ¡Blanc!, no quiero problemas contigo, ¿estás tú viendo al otro Blanc?, (volteo a mirar y estaba tomando fotos), ¡sí!, le digo, “ok, no lo hagas, aquí la mayoría de gente es del campo y podrás tener un problema si te ven tomando fotos… y no creas que te van a pedir dinero, te van a pedir el teléfono pero para romperlo con una piedra, porque piensan que vas a trabajarlos o les vas a robar a los espíritus que los protegen… solo miran como le gritan al pobre Blanc, ¡es tan gracioso! (y soltó carcajadas)”… ¡claro que sí, entiendo! le dije, mientras se queda mirándome de forma incómoda y me dice: ¡sí, yo sé que lo entiendes, ¡tú no eres un blanc cualquiera, benditos sean tus Guinés”. Guinea es el lugar a donde van los muertos en el Vudú haitiano y Guinés es la forma como denominan a los difuntos que acompañan a las personas y deambulan por este mundo). Yo quedé paralizado por unos minutos recordando las palabras de la espiritista cubana, a mi abuela, la gente de Argentina, el sueño, todo en un par de minutos, pero un estrujón de Khristinne me aterrizó en la realidad y me dijo: ¡anda Blanc que la guagua (bus) se va pronto.

Recorrí el mercado que estaba atestado de gente, frutas, harina, carbón (que los dominicanos afirman que extraen ilegalmente de sus tierras), animales, café, entre otros, hay por doquier. Allí se mueve el peso dominicano y el Gourde (“la gorda”, como se le llama a la moneda haitiana).

Salí después de hacer mis compras y alcancé el bus que al final no había recorrido mucho, pero ahora el tema era la fila que había para hacer la migración y salida de República Dominicana. A los haitianos les hablan fuerte (mal para mi gusto), les revisan absolutamente todo, les preguntan que dónde compraron una cosa, que con qué dinero lo hicieron, qué cuándo vuelven y mil cosas más. A nosotros, los “blancs”, una ojeada al pasaporte bastaba (y en mi caso una fotocopia a la visa norteamericana y un “¿qué tú vas a ir a hacer Haití, estás loco muchacho?”. A esa pregunta no hubo respuesta, fue más una exclamación del militar dominicano.

Nos subimos al bus, cruzamos lentamente el puente y por un minuto me pregunté ¿qué estoy haciendo?, ¿será una irresponsabilidad mía?, estaba dejando el español atrás, el seguro médico, los cajeros automáticos por si tenía algún inconveniente, los vuelos directos a Colombia… ¡nada de esto había en Haití!; sin embargo, a medida que cruzábamos el puente sobre el río Dabajón y ver las mujeres lavando la ropa e imaginar todo lo que aconteció alguna vez allí, pensé ¡es lo que debe ser … y seguramente Khristinne tendrá razón!

Al llegar al lado haitiano cambia todo el paisaje, sentía que había viajado en el tiempo mientras cruzaba las puertas de metal que separan cada lado del puenteAquí ya no escuchaba nada en español (aunque seguramente algunos lo hablan por ser una ciudad fronteriza), y a los “blancs” nos muestran una puerta donde debíamos hacer migración, nos entregan unos formatos y como colombiano, buscan o la visa haitiana o la estadounidense (sí señores, necesitamos alguna de estas dos para ingresar al país).

Estaba tan congestionado en ese momento que no sabía ni dónde debía escribir mi nombre, ni qué tenía que poner; sin embargo, un señor adulto en una mezcla de creole y español me dice “blanc, aquí nombre y aquí hotel” (no veía a Khristinne por ningún lado y no sabía para dónde era que yo iba y si su primo le había respondido algo). El señor me dice “escribir aquí Cormier Plage, a este hotel usted ir”. Escribí lo que el señor dijo, pero no tenía reserva ahí y no sabía si esto estaba en Cabo Haitiano, Puerto Príncipe, Jacmel o la Isla de la Tortuga (isla al norte de Haití donde se asentaron filibustero, bucaneros, piratas y corsarios para dominar el Caribe insular). Me sellan el pasaporte y me dan un “¡bienvenido!” en francés.

Continuamos el trayecto cruzando Ouanaminthe, la ciudad haitiana fronteriza que también es llamada “Juana Méndez” por los dominicanos como resultado de disputas históricas por las líneas fronterizas. Por un momento había olvidado a Khristinne, pero veo que se regresa corriendo por el pasillo del bus y me dice: “Blanc, hablé con mi primo, te espera en Cabo Haitiano, este es su nombre (ni siquiera yo entendía su letra) y él me dijo que te había hecho una reserva en el hotel Le Mont Joli en Cabo Haitiano (nada que ver con el que yo había escrito, pero bueno, es lo que había, así no supiera si tenía estrellas, lunas, cometas o qué calificación le habían asignado, con tal de descansar estaría bien).

Ouanaminthe
Ouanaminthe

De Ouanaminthe a Cabo Haitiano son aproximadamente 4 horas más porque el bus para en diferentes ciudades, como Fort Liberté (capital del departamento de Noreste). Durante el camino se ven muchos pozos donde los niños sacan agua y algunas personas de bañan, casas con Vevés (símbolos o firmas con las cuales los practicantes de Vudú invocan a los Loas para llamarlos y que sirven como protección), además a estas casas les suelen poner unas banderas que supe después, informaban a la comunidad que allí habitaba un Houngan o una Mambo (sacerdote o sacerdotisa de Vudú), por si alguien de la comunidad necesitaba una consulta, hacer un ritual de petición, agradecimiento u ofrenda a sus entidades.

Algo que también me sorprendió es que en el campo, las casas tienen una puerta adelante y una atrás (esto se ve porque muchas no tienen puerta, sino una cortina que corren durante el día para que el viento refresque el Lakay (casa u hogar en creole). Cuando pregunté por esto a quien sería mi guía, me dijo que en el campo lo hacen porque “si los espíritus vienen a buscar a las personas por adelante, estos tienen que poder salir corriendo por atrás”.

Casa de campo
Casa de campo en Haití

En medio de la carretera, antes de llegar a Cabo Haitiano, el bus se detiene y unos hombres de civil y completamente armados suben al bus (casi infarto, pero después supe que eran militares que tratan de pasar desapercibidos y buscan que no venga gente escondida en el bus, o sea, que los boletos coincidan con la gente que hasta ahora van, por lo que pueden viajar menos personas que los boletos que hay, pero no más que estos). En República Dominicana cuando uno regresa, también hacen lo mismo los soldados, pero en este caso es para buscar que no vengan personas de forma ilegal, algo que parece ser bastante común, por lo que dicen allí.

Empieza a caer la tarde y ya se ve la bahía de Cabo Haitiano, posiblemente la ciudad más histórica de Haití y la más preservada en términos coloniales. Esta ciudad ha sido famosa desde antes, durante y después de la Revolución Haitiana, la misma que contagió a muchos países de América Latina (incluida Colombia, porque si no lo sabía, Simón Bolívar solicitó apoyo de Haití para el proceso independentista). Además, cerca de allí está el famoso Bois Caïman (Bosque Caimán en español y Buá Caiman en creole), lugar donde el esclavizado Mackandal con otros cimarrones (esclavizados que se habían fugado), fueron a los bosques espesos de la parte baja de la montaña para en una ceremonia de tres días (según la tradición oral haitiana) en la que invocaron a sus Loas, entre ellos a Oguo Feray (Loa de la guerra, así como el Oggún de la Santería o Religión Yoruba afro-cubana) y Erzili Dantor (algunos creyentes del Vudú afirman que los colores rojo y azul de la bandera de Haití es por los colores que identifican a esta entidad, que a diferencia de su hermana Erzili Freda, es violenta y colérica).

Cimarrón - Símbolo de resistencia haitiana
Cimarrón: Símbolo de la resistencia haitiana

En esta ceremonia se dice que una Mambo sacrificó un cerdo negro y le pidieron a las entidades venidas de “Guinea” (como le llaman a África), que los ayudara a luchar contra los “blancs” y su Dios, un Dios que no los quería, sino que los maltrataba, los castigaba, los amputaba, los perturbaba, incluso los asesinaba. La narración histórica cuenta que, en trance, los cimarrones hicieron sonar un Lambí (caracol grande de mar), para avisar que la batalla había comenzado. El cimarrón es un símbolo de resistencia y orgullo haitiano por naturaleza y por lo general alguna estatua se encuentra en las principales ciudades del país. Muchos haitianos dicen que el cimarrón haciendo la llamada por el Lambí (que todavía se usa en las ceremonias de Vudú), es el mismo Ogou Feray en la tierra.

Los cimarrones bajaron arrasando campos, asesinando a los franceses y criollos e incendiando todo, porque si decidían volver, estos no debían encontrar nada para alimentarse, mientras que ellos no tenían problema con esto, ellos irían para Guinea, lugar donde siempre habían querido volver, así fuera en espíritu, que al final es la esencia más importante bajo el Vudú. Al final Francia concedió la independencia, les cobró una suma de oro impagable y de esto Estados Unidos se aprovechó para explotar posteriormente el azúcar en un proceso prácticamente de re-esclavización.

Retomando la historia, llegué a Cabo Haitiano y allí estaba mi hoy amigo Pierre, organizado como si hubiera llegado un embajador y con mucha seriedad (no me bajaba de sí señor, no señor; un poco incómodo para mi gusto, pero entendía que teníamos que ir rompiendo el hielo). Nos montamos en una camioneta que él había alquilado y el conductor no hablaba nada de español, pero una sonrisa mía y una de él nos hacía entender que todo estaba bien

Mientras atravesábamos la ciudad (las calles tenían gente por todos lados, pero también animales como gallinas, cerdos y chivos), Pierre me dice: “iba a reservar en Le Mont Joli, pero considero que es mejor que las primeras noches nos quedemos en Cormier Plage (sí, ¡el mismo hotel que me dijo que escribiera el señor en la frontera!). Sin poder terminar de entender lo que estaba sucediendo, Pierre le pide al conductor que se detenga en la calle y me señala con el dedo un local y me dice: “¡una botánica!” (una tienda donde vende todo tipo de artículos para el Vudú), “vamos a entrar, siento una presencia de un Guiné muy fuerte aquí mi amigo, como verás no te digo “blanc” como te debería llamar, ¿sabes por qué?”, supremamente confundido y aturdido le digo: ¡no, no sé, en realidad me han dicho “blanc” todo el día”; “porque tú no eres un blanc mi amigo, yo sé a qué viniste, yo sé que a ti te trajeron y tú vas a ver y vivir aquí lo que los blanc no ven en Haití, porque ellos no respetan y entienden lo nuestro, pero tú ¡sí mi hermano, ¡AYIBOBO! (Ayibobo es una exclamación de júbilo en el Vudú haitiano).

Calles de Cap Haïtien
En las calles de Cabo Haitiano
Calles de Cap Haïtien2
En las calles de Cabo Haitiano
Calles de Cap Haïtien3
En las calles de Cabo Haitiano
Calles de Cap haïtien4 (2)
En las calles de Cabo Haitiano
Calles de Cap haïtien4
En las calles de Cabo Haitiano
Calles de Cap haïtien5
En las calles de Cabo Haitiano
Venta de elementos para Vudú
Venta de elementos para vudú
Botánica Cap Haïtien
Botánica en Cabo Haitiano

Descendimos del auto sin yo terminar de entender todo lo que estaba pasando y entramos al local, una tienda bastante grande y repleta de velas, pañuelos (los pañuelos de colores son símbolos que representan a los Loas que protegen a cada persona), botellas adornadas, figuras de santos católicos, polvos y demás elementos para utilizar en los ritos. Al momento sale una señora, que supe que era Mambo de uno de los Lakous o Hounfó (templos Vudú) más famosos de Cabo Haitiano. Ella me mira fijamente (incluso me hizo que no fuera capaz de sostenerle la mirada) y me dijo en creole “¡bienvenido!”. Yo le agradecí con un “merci” que no sé de dónde salió y me sentí el más torpe del mundo diciéndolo. Al ver una botella con la figura de Erzili Dantor representada por su equivalente en el catolicismo y que estaba forrada en rojo y azul, la agarré y Pierre sonrió mientras que la Mambo dijo en creole: “Erzili no es tu Loa, a ella no le gustan los blancos (soltó una carcajada), pero ella sí es la Loa de tu Guiné, llévate esa botella sin pagarme nada, tu Guiné me bendecirá”. Acepté su presente y nos fuimos de allí rumbo al hotel que aún estaba a una hora de distancia a las afueras de la ciudad.

Botella Erzili Dantor
Botella con la figura de Erzili Dantor

Inicialmente el viaje al que iba por 5 días, empezó bastante turístico, descubriendo lugares maravillosos entre los que había visto antes por internet y los que nunca había oído hablar de ellos; La Citadelle Laferrière (la fortaleza más grande de América y fue construida en una colina para esperar el regreso de los franceses, regresó que nunca sucedió). Allí cerca está el pueblo de Millot con una capilla hermosa y las ruinas del Palacio de Sans Souci, que mandaría a construir el prócer Henri Christophe como réplica del francés

Capilla Millot y Sacerdotiza Vudú
Capilla en Millot y sacerdotisa vudú
Citadelle
Citadelle Laferrière
Citadelle2
Citadelle Laferrière
Henri Cristophe
Escultura de Henri Christophe
Sans Souci
Ruinas del Palacio de Sans Souci
Sans Souci2
Ruinas del Palacio de Sans Souci

 

 

También conocí hasta hoy las playas más bellas en la bahía de Labadeedonde en un pedacito de tierra tienen cercado un lugar para los cruceros de Royal Caribeean (allí disfrutan del mar quienes quieren pisar Haití sin realmente estar en este país); la bahía es mucho más que esto, está el pueblo pesquero de Cadras, “Amiga Island” que en realidad se llama Île-à-Rat (nombre que le dieron porque era el cayo que más le gustaba a la mujer de Christophe y mientras que éste daba su vida por el pueblo haitiano, ella iba allí con sus amantes, por esta razón la traducción que le dan los haitianos más allá del literal Isla de la Rata, es “Isla de la Puta”).

Bahía de Labadee
Bahía de Labadee
Cadras
Cadras
Ile a Rat
Île-à-Rat

 

También está Fort Liberté, la cual tiene un fuerte con mucha historia en una punta de la ciudad, la ciudad de Port-de-Paix (la segunda ciudad en población y capital del departamento de Noroeste), las calles coloniales de Cabo Haitiano y otros atractivos más como los pequeños pueblos de Limbe, Le Borgne, Mole Saint-Nicolas, entre otros

Como verán, no fue que el tiempo me rindió, es que de 5 días, pasé 15 en tierras haitianas. Su gente es supremamente amable y suele saludar al pasar, la seguridad sorprendente (siempre recuerdo el día que con el viento se me volaron $120 dólares y vinieron unos hombres, me los regresaron y los contaron frente a mí para demostrarme que no tenían ninguno. Quise darles un reconocimiento pero no lo permitieron). Pierre en varias oportunidades me mencionó que lo que yo veía en el norte era muy diferente a la realidad del sur y que Cabo Haitiano y Puerto Príncipe no se parecían en nada, el respeto y la educación de las personas del norte desaparecía conforme se iba hacia las otras costas. Estas tensiones siguen estando vigentes y en gran medida son heredadas de la Revolución Haitiana, pues en el norte predominaron los “negros” como ellos mismos lo manifiestan, y en el sur los mulatos. Si usted va al norte de Haití evite usar el término “mulato” para referirse a alguien, ya que lo puede ofender en gran medida. Además de esto, es común escuchar comentarios que reforzaban esta diferencia entre regiones, como cuando al ver a una persona muy delgada suelen decirle: “estás flaco como un perro de Puerto Príncipe”.

Además de poder participar de múltiples espacios y momentos relacionados con el universo del Vudú (entre ellos una fiesta que duró aproximadamente 12 horas y correspondía a un paso importante dentro del Kanzo o ceremonias de iniciación o ascenso dentro de los niveles de la jerarquía religiosa del Vudú); un día recorriendo por los pueblos del norte y a bastante distancia del pueblo de Lemonade, Pierre de la nada dice: ¡hoy es viernes, vamos a visitar a Filomez!” (un Loa femenino muy venerado en el norte, ya que además su santuario está en el pueblo que acabo de mencionar), a lo cual el conductor hizo cara de sorpresa puesto que no estebábamos cerca de allí y esto implicaba ir primero al hotel y a la casa de Pierre a cambiarnos, ya que a Filomez no se le puede visitar sucio y sin loción o perfume. Tal como me dijo Pierre ¡ella detesta el mal olor y el mugre!

Casa con bandera Vudú - Lemonade
Casa con la bandera vudú en Lemonade

Después de hacer todas estas diligencias previas, fuimos rumbo a la costa atravesando pequeños poblados y una iglesia grandísima pero a medio construir… obviamente pregunté qué había pasado con ella y de forma natural Pierre me comentó que era una iglesia que hace mucho unos sacerdotes españoles estaban construyendo para Santa Filomena (el equivalente católico de Filomez o Filomiz, como también le llaman). Al final lo que aconteció, es que una mujer poseída por Filomez en varias oportunidades le dijo a la comunidad que ella no quería mudarse de capilla, que su casa estaba cerca al mar y que no se iba a ir y que si los sacerdotes querían pasar por encima de los Loas, pues los Loas le iban a demostrar a ellos y a todos quiénes eran más fuertes y tenían más poder. El caso es que la congregación de sacerdotes (5 padres misioneros) fallecieron la misma noche que Filomez dio su mensaje a causas de algo que aún no han determinado, pero que la población de allí no tiene necesidad de saber qué fue, ellos lo tienen claro, Filomez hizo lo que prometió.

La capilla es bastante pequeña y tiene un segundo piso donde hay una imagen de Santa Filomena que está recubierta por un polvo blanco que limpia de malas energías y de todo lo dañino (éste se debe pasar por toda la cara con la mano derecha) y con él también se suelen hacer los Vevés o firmas para invocar a los Loas en el suelo dentro de los Lakous o Hounforts, especialmente al lado del Potomitan o poste central (en el oriente de Cuba le llaman Potón-Mitán). Es una estructura de madera por donde descienden los Loas y espíritus para participar de las ceremonias.

Capilla Filomez
Capilla Filomez
Lakou o Hounfort
Lakou o Hounfort
Lakou o Hounfort2
Lakou o Hounfort
Pequeño Lakou Le Borgne
Pequeño Lakou Le Borgne

 

A las afueras suelen vender velas, plantas, flores celestes y blancas (que son su color) y le tocan la batería de los tambores Radá para que Filomez pueda manifestarse a través de la incorporación de las personas. Cuando ella “baja”, suele dar mensajes, solicitar ofrendas o incluso reconocer a aquellos con quienes está “casada”… ¡!, porque los practicantes de Vudú más creyentes hacen pactos como matrimonios con sus Loas protectores o con el que el Loa exija. Para esto suelen usar una especie de anillos que simboliza el compromiso de dicha unión y cuando el “caballo” del Loa incorpora, busca en las manos estos elementos para así identificar a aquellos que cumplieron con el compromiso. Además, los días de la semana que corresponda a esta entidad, el hombre o la mujer que se casó con él o ella –indistinto al género-, no puede dormir ni tener relaciones sexuales con nadie más.

Batería Rada - Vudú
Batería Rada – Vudú

A la salida de la capilla, un hombre en posesión de Ogou Balenjo que nos llama, pero solo entabló comunicación con Pierre y le dijo que pusiera una vela y agua al lado de su cama esa misma noche, pues Filomez le daría una noticia. Al otro día le pregunté si había sucedido algo y me dijo que sí, que Filomez le manifestó a través de un sueño que tendría una hija. Unas horas después y frente a mí, su esposa que llevaba una semana en Chile, lo llamó y le dijo que estaba embarazada de una niña y quería que le llamaran ¡Filomena!

Todos estos lugares, ¡TODOS! tenían algo que ver con el Vudú, mil y un historias en torno a cada espacio físico y natural, bien fuera desde firmas o Vevés en las calles donde se le pide a Papa Legba que abra siempre los caminos, las ceremonias fúnebres entre el catolicismo y el culto a los Guedé (o Loas de la muerte), que puedes ver en las calles si te topas con un sepelio. Esos son bastante interesantes porque muchos haitianos se reconocen así mismos como católicos y al ser el Vudú un sincretismo entre tradiciones africanas y el catolicismo impuesto por los franceses, no hay tal disputa. Es común que saquen sus mejores ropas para ir a la iglesia o al funeral católico y vestirse con atuendos tradicionales del Vudú para enviar al difunto a Guinea después de darle vueltas al féretro alrededor del tronco de un árbol para que se pierda y no regrese a casa.

Vevé Vudú - Papa Legba calles de Cap Haïtien
Vevé Vudú
Vevé Vudú
Vevé Vudú

Los Guedé que son una familia de Loas o entidades relacionadas con la muerte, tienen su principal entidad en el Barón Samedi (el Barón del Sábado),  su morada es la primera tumba que se construyó en el cementerio y allí suelen hacerse las ofrendas. Su esposa es Maman Briggitequien deambula por las tumbas tomando licor la espera del Barón Samedi, que por lo general anda ocupado buscando mujeres (porque es muy mujeriego y cuando genera posesión de algún cheval o caballo, o sea, de la persona que lo incorpora, suele ser muy sexual y bastante divertido). A quien lo incorpora le suelen poner pañuelos morados (color que representa a los Loas de la muerte). 

La principal características de estas entidades es que no llegaron de África, nacieron en Haití e incluso dicen que es resultado de una mofa espiritual a los franceses, pues usan bastón, sombrero de copa, beben en copas, etc. Me cuentan que el día 4 de noviembre en todo Haití hay ceremonias impresionantes para estas entidades (tal vez como un día de muertos en México). 

Algo que también me comentaron en estos espacios, es que cuando alguien fallece de muerte natural, se le suele enterrar bajo el marco de la casa y no en el cementerio, o en su defecto, separan la cabeza del cuerpo, para que así el Bokor (brujo que usa el Vudú para el mal) no vaya por el en la noche, lo reviva y lo convierta en Zombi… ¡Ah!, ¿ustedes de verdad pensaron que los Zombis eran un invento de Hollywood?, si es así, son muy inocentes.

La zombificación es un proceso religioso muy temido en Haití y se sigue empleando en el país (de hecho, hay un decreto que lo penaliza por ley). Es más, varias veces me mencionaron que a la gente de Artibonite (un departamento haitiano) y la ciudad de Léogâne, le tienen temor en el resto del país, ya que son los más famosos en prácticas de brujería zombificación. Para resumirles, la zombificación es un proceso en el cual, desde el punto de vista religioso, un Bokor a través de un polvo mata a alguien, su familia lo entierra en el cementerio y a los días éste lo revive y ya sin alma lo pone a su servicio (incluso, si ustedes se remontan a las primera películas de Zombis, van a ver que siempre eran personas afro quienes hacían esto. Les recomiendo un clásico llamadoLa Serpiente y el Arcoíris“).

La parte científica dice que aunque no se sabe a ciencia cierta qué ingredientes tiene el polvo, más allá de ralladura de hueso de pez globo, éste lo que hace al ser inhalado es generar un estado de catalepsia en las personas, por lo cual dan en los hospitales muertes médicas, pues sus signos vitales son mínimos e imperceptibles. Por esta razón los Bokor pueden ir a sacarlos del cementerio. Algunos investigadores dicen que la escopolamina o burundanga (de hecho este último es un término africano proveniente de lenguas bantúes de la cuenca del río Congo y de donde además se dice que vino esta práctica con los pueblos Bakongos, quienes llaman a su Dios supremo N’zambi), nació como resultado químico del proceso de la zombificación haitiana que conocieron los norteamericanos cuando tenían control de los campos haitianos con las plantaciones de azúcar. Es más, muchos autores afirman que Estados Unidos financiaba Bokors para zombificar personas y así los terratenientes norteamericanos no tenían que pagarles por su trabajo y explotaban los laboralmente hasta la muerte.

Además de Loas, Zombis, Guinés, también hay otras entidades como Loup GarousBizangos y Lutins. El primero y el segundo pueden ser parecidos, son personas que se convierten en vampiros y vacas para por las noches, robar en el campo y atrapar almas y espíritus y así vivir mucho tiempo más. Los Lutin son espíritus de niños que fallecieron antes de ser bautizados y muchas veces nacieron enfermos, de los cuales los Bokor se aprovechan para hacer maldades y atormentar a la población.

Todos estos seres cohabitan con los haitianos, sean creyentes de cualquier sistema de creencias del país. Hasta el cimarrón proveniente de Jamaica Boukman (quien desapareció de la hoguera cuando lo iban a quemar en la plaza de Cabo Haitiano), era famoso por conocer estos secretos místicos, siendo incluso musulmán (por esta razón a este esclavizado Mandinga le llamaban Boukman –Book Man o el hombre del libro-, ya que se dice que siempre llevaba bajo su brazo el Corán).

Todo esto lo narro no para recrear más exotismo sobre este sistema de creencias haitiano y menos del país, sino por el contrario, para reivindicar las tradiciones que les han permitido resistir, sobrevivir y encontrarle respuesta a sus realidades, porque incluso te dicen que el mapa de Haití es como la cabeza de una serpiente, de la serpiente símbolo de Damballa Wedó (además de representar a este Loa, simboliza la inteligencia y la estrategia), y por esta razón dicen en el campo haitiano que cuando una serpiente te pasa por el cuerpo, no la debes retirar, tienes que permitir que pase sola .

Más allá, Papa Doc Duvalier utilizó el Vudú para atemorizar al pueblo, generó un ejercito de Bokors, importó hechiceros desde el Congo, Benín y Togo (justamente las naciones de donde provienen en gran medida las tradiciones del Vudú a través de la reconfiguración en suelo haitiano de las tradiciones de las personas esclavizadas pertenecientes a los grupos lingüísticos Bantúes, Ewé y Fon, especialmente). El dictador Duvalier lo hacía para doblegar a la población, pero estas mismas entidades son las que día a día les dan fuerza, valor, coraje y esperanza de vivir, bien sea en este mundo o en el “el más allá”, porque allí es donde añora llegar gran parte de la población haitiana. Guinea sigue esperando por ellos como lo ha hecho cientos de años atrás; claro, esto si es que alguno no decide quedarse con usted acompañándolo y protegiéndolo, así desconozca que méritos hizo para tan magno apoyo.

Posiblemente este texto le parezca falto de objetividad e incluso hasta fantasioso, pero si usted algún día puede visitar este país o decide relacionar con él, eso sí, despojándose de la lástima y la negatividad con el que suelen exponerlo, tal vez me dé la razón y sino, al menos sé que me comprenderá un poco. No siendo más, me despido simplemente diciendo que si tuviera que describir a Haití de alguna forma, no dudaría en hacerlo de la manera como lo hizo el autor Williamk Seabrook en el título de una de sus obras (que además fue basada en su experiencia en la Isla), “¡LA ISLA MÁGICA!”… ¡mágica por su gente, por su historia, por su cultura, por sus aportes al Caribe y a América, mágica por sus montañas, playas, el color de su mar, cascadas, paisajes, arquitectura, mágica por sus tradiciones, sus creencias, sus prácticas, su forma de ver el mundo, mágica por su capacidad de sobreponerse a la adversidad, ¡mágica por no olvidar de dónde viene, quién es y mostrarle a quien esté interesado su esencia!


Y hasta aquí llegamos por hoy. Veremos si mañana la vida nos da para hacer una entrada, sino llegará al día siguiente. Pero continúo con mi promesa de al menos una entrada cada 2 días.

Antes de irme, si quieren hablar con Sebastián, lo encuentran en tuíter como @acamandinga. Síganlo, hablen con él, háganle las preguntas que quieran y díganle que el Mapache los mandó… él es un bacán y estoy seguro que contestará todo lo que le pregunten. Nos vemos en una próxima oportunidad, ¡adiós pues!

13 comentarios

  1. (Quizás este comentario esté repetido, porque intente publicarlo pero no aparece aquí).

    Me gustó el relato, “Mapache”, fresco y natural, y me ofreció una visión distinta y cercana de Haití.

    En cuanto a la idea de publicar un relato cada día para mitigar la cuarentena, me parece una idea excelente.
    Como dijo (más o menos) Luis de Camoens: “intentaré divulgarlos por todas partes, si el arte y el ingenio tanto pueden”.

    Me gusta

  2. Vivo en Chile y como muchos de ustedes saben, hay un número bastante grande de Haitianos viviendo en el país. Debo recalcar que muchos de ellos (la mayoría) que he conocido, buscan dar una visión de lástima hacia ellos y la verdad que me ha parecido bastante extraño. Su tono de voz (bastante alto) me despierta curiosidad.

    Saludos

    Me gusta

  3. Hermoso relato, precisamente por la objetividad con que se narra el tema del vudú, sin temor, sin prevenciones, como una expresión y el ser de un territorio que, aunque fuertemente excluido, sigue defendiendo su particularidad y su dignidad. Gracias!

    Además me encanta esa manera bonita que tiene el Mapache de presentar y describir a sus amig@s.

    Me gusta

  4. Hola Javiedro, ¿cómo estás?

    Soy Sebastián el autor de este texto y quisiera darte respuesta a tu inquietud sobre los “muñecos vudú”.

    Estos elementos son comunes no solo en el Vudú haitiano, sino que también se dan en otras tradiciones de matriz africana en América.

    Desde la antropología estos elementos se conocen como elementos mágicos de “contacto” y de “representación”, o sea, figuras o elementos que están “cargados” con algún elemento que pertenecía o estuvo en contacto con la persona a quien estás “trabajando” (como una uña, pelo, un pedazo de su ropa, etc). Por otra parte está la representación, la cual busca que la magia surta efecto cuando quien está siendo “trabajado” se identifique en el “muñeco“.

    Como te decía, estos “fetiches” son comúnmente usados en muchísimas comunidades africanas y son manipulados mágicamente para obtener algún beneficio, personal o para la comunidad. Por esta razón en América fueron utilizados también por las personas esclavizadas que llegaron a estas tierras, haciendo Estados Unidos ( como en el caso de los Zombis), famoso al tan conocido “muñeco Vudú”. Además, recordemos que en New Orleans hay una fuerte herencia haitiana y de práctica del Vudú.

    Espero que te hubiera servido en algo esta explicación.

    Saludos.

    Me gusta

  5. ¡Hola Chando!

    Te cuento que lo del tono de la voz, además de ser una característica muy caribeña, tiene una gran influencia de diferentes pueblos africanos. pues es común que su tono de voz a la hora de hablar sea bastante elevado.

    En las comunidades afro en diferentes países de América Latina vas a encontrar esta misma característica cultural.

    Sobre lo que mencionas de la lástima, desconozco por qué razón se dará, incluso en Haití detestan que los veas de esa manera; sin embargo, recordemos que una cosa son las personas en su país y otra como migrantes, especialmente cuando están en situaciones muy precarias como en la que viven muchos haitianos en Chile o Argentina.

    Un abrazo.

    Me gusta

  6. Fantástico!!

    Me ha sorprendido la bahía de Labadee, y el mini-amarre que tienen para barcos inmensos y decir que has pisado Haití. Todo el viaje inicial en bus hasta Cabo Haitiano ha sido muy interesante. Me ha dejado de piedra lo de la vela y el agua al lado la cama y la posterior revelación.

    Saludos des de Barcelona.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: