Corría el año de 1963. Los Estados Unidos habían enviado al espacio un grupo de 12 satélites como parte del Proyecto Vela cuyo objetivo era monitorear el cumplimiento del Tratado de Prohibición Parcial de Ensayos Nucleares por parte de la Unión Soviética. Los satélites orbitarían a 1/3 de la distancia entre la tierra y la luna en lo que se conoce como los Cinturones de Van Allen, las zonas donde el campo magnético de la tierra captura el viento solar, y desde allí, monitorearían los campos de pruebas nucleares soviéticos, sobre todo los del Archipiélago de Nueva Zembla y Semipalátinsk (y pueden leer más sobre las pruebas en Nueva Zembla aquí).

Campo de pruebas nucleares de Chyornaya Guba en Nueva Zembla, Unión Soviética:

Campo de pruebas nucleares de Semipalátinsk en Kazajistán, Unión Soviética: 

Avancemos hasta el 22 de septiembre de 1979 cuando, 53 minutos después de la media noche (UTC), los satélites Vela de Estados Unidos detectaron una doble explosión de luz característica de las pruebas nucleares cerca de las Islas del Príncipe Eduardo en Sudáfrica. Lo curioso del asunto es que, aparte de ser conocido como el “Incidente Vela“, al evento también se le atribuyó el nombre del “Destello del Atlántico Sur”… curioso, porque la explosión tuvo lugar entre las Islas del Príncipe Eduardo en Sudáfrica y las Islas Crozet en las Tierras Australes y Antárticas Francesas, y los dos archipiélagos están en el Océano Índico Sur. Mejor dicho, que alguien le enseñe geografía a los gringos porque aparentemente no saben la diferencia entre el Océano Atlántico y el Índico. 

Área estimada donde ocurrió el Incidente Vela (Fuente: Google Maps)

Pero volvamos al tema porque después del Incidente Vela empezaron las teorías. Que habían sido los soviéticos… que no, que fueron los franceses que tenían las Islas Crozet ahí al lado… que no, que pudo ser India o Pakistán. Incluso durante años se puso en duda la existencia misma del Incidente Vela argumentando que había podido haber sido un asteroide golpeando el satélite Vela o incluso eventos climáticos en la atmósfera. Mejor dicho, nadie sabía nada, sólo sabían que había habido un doble destello en el Índico Sur y nada más. Finalmente, después de la caída del Apartheid en Sudáfrica en 1994, tanto el expresidente Frederik De Klerk como el Comodoro Dieter Gerhardt de la marina sudafricana (que además después resultó ser un espía soviético dentro del régimen del Apartheid) confirmaron que los dos destellos habían sido causados por una prueba nuclear conjunta entre Sudáfrica e Israel bajo el código secreto de “Operación Fénix”. Los dos países llevaban tiempo ya colaborando en asuntos nucleares a tal punto que Sudáfrica le había vendido a Israel cerca de 550 toneladas de Uranio y, a cambio, Israel le había transferido a Sudáfrica información para mejorar el diseño y efectividad de sus armas nucleares. Para los últimos años del Apartheid, el gobierno en Pretoria había logrado fabricar 6 armas nucleares y estaba en proceso de construir la séptima. 

Específicamente sobre el Incidente Vela, Gerhardt afirmó:

Aunque no estuve directamente involucrado en la planeación o ejecución de la operación, me enteré extraoficialmente que el destello fue producido por una prueba conjunta entre Israel y Sudáfrica con el código Operación Fénix. La explosión era limpia y se suponía que no iba a ser detectada. Pero no fueron tan listos como creyeron y el clima cambió – entonces los estadounidenses pudieron detectarla (Fuente).

Ahora, el caso de Sudáfrica fue bastante atípico en el mar de “problemas nucleares” del mundo durante los Siglos XX y XXI. Antes de la llegada de Mandela al poder, el gobierno blanco de Pretoria se dedicó a desmantelar todas las armas nucleares y clausuró el programa nuclear sudafricano… particularmente en la base nuclear de Pelindaba cerca del pueblo de Hartbeesport en la Provincia del Noroeste. Y con esto, Sudáfrica se presentó al mundo como el país de la reconciliación y el único en toda la historia que había acabado voluntariamente su programa nuclear. Todo era fantástico y arcoíris bajaban del cielo sobre la tierra prometida. Pero la realidad era otra. Uno de los mayores temores del gobierno blanco en Sudáfrica era dejar las armas nucleares en manos de un eventual gobierno negro… y claro, antes de darle el país a Mandela, se aseguraron que lo único que quedara del programa nuclear era el recuerdo. No se iban a arriesgar a dejarles armas de destrucción masiva a los terroristas del Congreso Nacional Africano (así los llamaban) porque en “esa gente” no se podía confiar… ¿o sí?

Planta de Pelindaba en Hartbeespoort, Sudáfrica:

Planta nuclear de Pelindaba en Hartbeespoort, Sudáfrica (Fuente)

En cualquier caso, el Incidente Vela ocurrió y demostró la incapacidad de los sistemas de monitoreo mundiales para detectar explosiones nucleares en el planeta. Sí, los satélites Vela habían captado los destellos, pero la información que recopilaron no fue suficiente para saber qué fue lo que explotó, dónde explotó y, sobre todo, quién lo hizo explotar. Con el destello del Atlántico Sur quedaron más preguntas que respuestas y claro, en Washington no estaban muy contentos con la situación. Pero si bien el Incidente Vela fue uno de los que más preocupación generó, no fue el único. El Siglo XX estuvo lleno de pruebas nucleares secretas en varios lugares del mundo… desde la supuesta prueba de Hitler en 1945 cerca del campo de concentración de Ohrdruf, pasando por las pruebas subterráneas israelíes en 1963, y terminando con la Explosión de Ryanggang en el norte de la República Popular Democrática de Corea. Pruebas secretas hubo en todas partes y el mundo tenía que tomar medidas al respecto. Básicamente porque no se podía permitir que regímenes enemigos tuvieran la posibilidad de desarrollar armas nucleares.

Es así como en 1996 se creó la Comisión Preparatoria de la Organización del Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares (TPCEN), un organismo internacional creado con el objetivo de lograr la adhesión de todos los países del mundo al Tratado y, además, encargado de la implementación del “Sistema Internacional de Vigilancia” contra las pruebas nucleares. Pero claro, la Comisión no surgió de la nada. De hecho es el resultado de décadas de acuerdos previos, todos encaminados a prohibir la realización de pruebas nucleares. El proceso empezó en 1959 con la firma y posterior entrada en vigor del Tratado Antártico en 1961 que prohibía las pruebas nucleares al sur del Paralelo 60° Sur. Luego continuó en 1963 con la firma del Tratado de Prohibición Parcial de Ensayos Nucleares al que accedieron un total de 113 países. Le siguió el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) en 1968 que logró una participación masiva de casi todos los países del mundo excepto India, Israel, Pakistán y Sudán del Sur, además de Corea del Norte que se retiró en 2003.

El camino termina en 1996 con la aprobación en la Asamblea General de la ONU del texto del TPCEN que fue firmado ese mismo día por los 5 miembros permanentes del Consejo de Seguridad (Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido y Francia) y 66 países más. A hoy, el TPCEN ha sido firmado por 178 países del mundo y ratificado por 144. Ahora, una particularidad del TPCEN es que, en su Anexo 2, se incluyen 44 países que, a hoy, tienen ya sea un reactor nuclear o tecnología nuclear avanzada y, en consecuencia, para que el Tratado entre en vigor, esos 44 países tienen que adherirse. En la actualidad 41 de esos países lo han firmado y 36 lo han ratificado. Aún faltan por firmar India, Pakistán y Corea del Norte, mientras que China, Egipto, Israel, Estados Unidos e Irán lo firmaron pero no lo han ratificado.

Estado de la adhesión y firma de los países del mundo al TPCEN

Así las cosas, como el TPCEN no existe aún, la ONU creó la Comisión Preparatoria del TPCEN que es la encargada, por ahora, de hacer cabildeo para lograr la adhesión de todos los países del mundo e instalar en terreno el “Sistema Internacional de Vigilancia”, la herramienta con la que cuenta el Sistema Internacional para que casos como el del Incidente Vela no vuelvan a ocurrir. El objetivo entonces es saber cuándo ocurren las pruebas, dónde ocurren, quién las hizo y, sobre todo, que los países sepan que en el mundo de hoy es imposible realizar pruebas nucleares sin que todo el planeta se entere. 

Y claro, como monitorear desde el espacio no sólo resultó ineficiente, sino que también salía sólo un poquito costoso, la opción fue bajar los sistemas a la tierra. Así, la Comisión Preparatoria del TPCEN desarrolló un Sistema Internacional de Vigilancia que se compone de 4 tecnologías diferentes y que les explico a continuación (Fuente): 

  • Sismología: 50 estaciones primarias y 120 estaciones auxiliares que detectan las ondas expansivas de la Tierra.
  • Hidroacústica: 11 estaciones hidrofónicas que captan las ondas acústicas en los océanos.
  • Infrasonidos: 60 estaciones infrasónicas instaladas sobre la superficie que pueden detectar las ondas sonoras de muy baja frecuencia.
  • Radioisótopos: 80 estaciones para captar partículas radioactivas y 40 de ellas son también capaces de detectar gases nobles.

Y si se dan cuenta en la lista anterior, monitorear explosiones nucleares a través de sismología, infrasonido y radioisótopos es bastante más complicado. Para tener acceso a todo el globo terráqueo se requieren 170 estaciones sismológicas, 50 de infrasonido y 80 de radioisótopos. Por el contrario, con 11 estaciones de hidroacústica son suficientes para monitorear el planeta entero. ¿Pero por qué? Les cuento. Teniendo en cuenta que el sonido se propaga muy fácilmente a través del agua, es posible detectarlo a grandes distancias. De hecho, hay una capa del agua donde el sonido viaja más lento pero es particularmente eficiente conocida como el “Canal de Sonido Profundo” (SOFAR por sus siglas en inglés). Este canal está ubicado entre los 600 y los 1200 metros de profundidad y se caracteriza porque las ondas quedas atrapadas y se mueven más lento. En consecuencia, este canal es perfecto para el monitoreo hidroacústico. De hecho, esta tecnología mide incluso las señales y los cambios en la presión del agua más insignificantes causados por las ondas de sonido. Así, los datos obtenidos del monitoreo hidroacústico proveen información sobre la localización de una explosión nuclear submarina, cerca de la superficie del océano o cerca a la costa. 

Y entonces, como las estaciones de monitoreo hidroacústico son la primera y la más importante barrera del Sistema Internacional de Vigilancia contra pruebas nucleares, en él nos vamos a centrar en la entrada de hoy. Pero empecemos por el principio. A continuación verán el mapa que les hice con las 11 estaciones de monitoreo hidroacústico en el mundo. Se darán cuenta también que la mayoría están ubicadas en el hemisferio sur que está dominado principalmente por océanos y, en consecuencia, fue el lugar predilecto para la mayoría de pruebas nucleares durante el Siglo XX, incluido el Incidente Vela.

Ahora, las 11 estaciones están divididas en dos clases. En primer lugar están las 6 estaciones hidrofónicas que funcionan con micrófonos submarinos capaces de convertir los cambios en la presión del agua causados por ondas de sonido en señales eléctricas que pueden ser medidas y enviadas a la sede de la comisión en Viena. Estos micrófonos están ubicados en dos grupos a lado y lado de islas alrededor del mundo y están sumergidos entre 600 y 1200 metros en el mar para poder medir las ondas en el Canal SOFAR del que ya les había hablado. La segunda clase de estaciones se llaman Fase T y están ubicadas en los acantilados de las islas oceánicas donde usan sensores sísmicos para detectar energía acústica proveniente del océano. Generalmente estas estaciones tienen 3 grupos de sensores en diferentes lugares de la isla que transmiten información a Viena las 24 horas del día. Les muestro:

Gráfica de una estación hidrofónica en una isla oceánica (Fuente)
Gráfica de una estación de Fase T en una isla oceánica (Fuente)

Y ahora sí, vámonos de recorrido por las islas y lugares remotos del planeta. 

HA01: Cabo Leeuwin, Australia

Australia tiene la tercera red más importante de monitoreo en el mundo. La estación hidroacústica en el Cabo Leeuwin es sólo una de las 22 instalaciones con las que cuenta el país para vigilar las explosiones nucleares en el mundo. Les muestro un mapa a continuación:

Red de monitoreo de pruebas nucleares en Australia (Fuente)

El Cabo Leeuwin es un punto estratégico, sin duda. En Australia consideran que es justo ahí donde el Océano Índico deja de existir para dar paso a lo que ellos llaman el Océano del Sur u Océano Antártico (aunque el resto del mundo no esté muy de acuerdo con esta afirmación). Desde allí se monitorean las ondas sonoras no sólo en la parte occidental del Índico sino también en todo el espacio entre Australia y Antártida, incluidas las áreas al sur del Paralelo 60° Sur que caen dentro de la prohibición de pruebas nucleares del Tratado Antártico.  

Cabo Leeuwin, Australia (Foto de: JarrahTree – Fuente)
Lugar donde está ubicada la estación de monitoreo HA01 en el Cabo Leeuwin, Australia (Fuente)

Ahora, un elemento curioso de la estación ubicada en el Cabo Leeuwin es que fue uno de los puntos claves para tratar de determinar el lugar donde se estrelló el vuelo MH370 de Malaysia. En el mapa a continuación verán las 2 líneas moradas que se originan en el Cabo Leeuwin y que muestran señales captadas por la estación HA01 relacionadas con el avión perdido. Claro, el avión no ha sido encontrado, pero gran parte de la información que se usó en el proceso de búsqueda vino desde el Sistema Internacional de Vigilancia contra pruebas nucleares. 

(Fuente)

Y sólo para dejarles un poquito más de información inservible para nosotros los mortales (básicamente porque uno no oye nada más que ruido), abajo encuentran los sonidos captados por la estación HA01 relacionados con la desaparición del avión MH370 de Malaysia Airlines. Esos ruidos les ayudaron a los expertos a delimitar el área de búsqueda a zonas específicas del Océano Índico. 

Finalmente, la estación de monitoreo HA01 en el Cabo Leeuwin fue una de las primeras en detectar la prueba nuclear DPRK6 realizada por Corea del Norte el 3 de septiembre de 2017 en el Campo de Pruebas Nucleares de Punggye-ri ubicada a más de 8.500 kilómetros de distancia. Claro, esa prueba también fue captada por los servicios sismológicos de Japón, China y Corea del Sur, pero el hecho de que una prueba terrestre a tanta distancia haya sido captada por la estación HA01 demuestra la efectividad del sistema mundial de vigilancia del TPCEN.

HA02: Archipiélago de la Reina Carlota, Canadá

El nombre nativo del archipiélago es Haida Gwaii que significa literalmente “las islas de nuestra gente” y hace referencia a las poblaciones Haida que fueron casi exterminadas por la introducción de virus y enfermedades por parte de los europeos durante el período de colonización. El archipiélago está ubicado en la costa noroccidental de la provincia de Columbia Británica y está compuesto por dos islas principales: la Isla Graham al norte y la Isla Moresby al sur, más cerca de 150 islas pequeñas que, en total, suman un área de 10.180 km² (un área similar a la de Chipre, Líbano, Kosovo o Jamaica). Las islas están separadas del resto de Canadá por el Estrecho de Hécate. Es más, al haberse mantenido aisladas del resto del continente durante el último período de glaciación, el archipiélago está lleno de especias de fauna y flora nativas que no se encuentran en ningún otro lugar del mundo y que le han significado el apodo de las “Galápagos del Norte”. 

La estación de monitoreo HA02 está diseñada para cubrir todo el Océano Pacífico norte y está compuesta por dos instalaciones (HA01 Norte y HA02 Sur), las dos en la Isla Graham con la primera en la ensenada de Van y la segunda en la ensenada de Dawson. La ensenada de Van está ubicada a 1000 metros sobre el nivel del mar y está usualmente cubierta de nubes y nieve en el invierno. Por el contrario, la ensenada de Dawson está a 40 metros de altitud en un fiordo resguardado del ruido sísmico directo del océano pero, al tiempo, expuesto a las ondas acústicas marinas. La ventaja de estas ubicaciones es que, al no haber actividad humana significativa en la zona, no hay lo que se conoce como “ruidos culturales” de fondo.

Ensenada de Van, Isla Graham, Canadá: 

Estación en la ensenada de Van en invierno (Fuente)
Estación en la ensenada de Van en verano (Fuente)

Ensenada de Dawson, Isla Graham, Canadá:

Estación en la ensenada de Dawson (Fuente)

HA03: Isla Robinson Crusoe, Chile

La Isla Robinson Crusoe es la más grande del Archipiélago de Juan Fernández en Chile, un grupo de islas poco pobladas ubicadas en el Pacífico Sur a unos 670 kilómetros al occidente del territorio continental de América del Sur. Son de origen volcánico, tienen un área de 181 km² y una población de 621 personas, la mayoría de las cuales viven en San Juan Bautista, la capital que está ubicada en la costa norte. 

Como dato curioso, desde 1704 hasta 1709, la isla sirvió de hogar para el navegante cimarrón Alexánder Selkirk quien inspiró parcialmente la novela Robinson Crusoe de Daniel Defoe (aunque realmente la novela fue inspirada en una isla en la desembocadura del Río Orinoco en el Caribe). Ahora, el nombre oficial de la isla era “Más a tierra”, pero para asociarla con la obra de Defoe y para atraer turistas, el gobierno chileno decidió rebautizarla como “Robinson Crusoe” en 1966. 

Poblado de San Juan Bautista en la Isla Robinson Crusoe, Chile (Fuente)
Poblado de San Juan Bautista en la Isla Robinson Crusoe, Chile (Fuente)
Poblado de San Juan Bautista en la Isla Robinson Crusoe, Chile (Fuente)

La estación HA03 cubre toda la parte oriental del Océano Pacífico Sur y los Océanos del Sur. Su diseño es idéntico al de la estación en el Cabo Leeuwin en Australia y utiliza un micrófono subacuático para detectar las señales que se originan en las explosiones submarinas. Igual que la estación en el Archipiélago de la Reina Carlota, estar alejado de grandes asentamientos humanos o de tráfico marítimo hace que la isla Robinson Crusoe sea ideal, no sólo para la estación hidrofónica HA03, sino también para la estación de infrasonido IS14. Las instalaciones de procesamiento de la información están ubicadas en la capital San Juan Bautista y desde allí se envía a la base central en Viena. Los micrófonos, por el contrario, se encuentran en el Canal SOFAR al norte y al sur de la isla, así: 

Micrófonos al norte y al sur de la Isla Robinson Crusoe en Chile (Fuente)

HA04: Isla de la Posesión, Francia

Y llegamos a la isla que me hizo descubrir el sistema internacional de vigilancia de pruebas nucleares: La isla de la Posesión en las Islas Crozet en las Tierras Australes y Antárticas Francesas. De la Isla de la Posesión no hay mucho que decir. Es un gran estratovolcán (es decir, un volcán cónico y de gran altura) llamado Monte Marion-Dufresne y perdido en la inmensidad del Océano Índico sur al suroriente de Sudáfrica. Sólo tiene una población de entre 15 y 30 personas, todos científicos, que viven en la base de investigación llamada Alfred-Faure en la costa oriental. La isla es la más grande del Archipiélago de las Crozet que comparte con otras 5 islas más pequeñas entre las que están la Isla de los Pingüinos, la Isla de los Cerdos (que se llama así porque los franceses introdujeron variado cerdito en la isla y después se dieron cuenta que estaban acabando con la fauna local y les tocó exterminarlos a todos) y un lugar muy extraño llamado el Cachón de la Heroína, una supuesta isla (o roca, o algo) que según los datos oficiales del gobierno francés tiene un área de 0 km² (sí señores, CERO km²) pero una altura de 5 metros sobre el nivel del mar. Vayan ustedes a saber cómo funciona eso. Miren cómo aparece en Google Maps:

 

Isla de la Posesión, Islas Crozet, Francia (Fuente)

La estación de monitoreo en la Isla de la Posesión fue la más difícil de instalar de todas las 11 estaciones en el planeta… básicamente porque queda literalmente en el culo del mundo y porque el clima y las corrientes de la zona simplemente no colaboran mucho. De hecho, fue tan difícil que llevaban 20 años tratando de instalarla y sólo se pudo poner en funcionamiento en 2017. La estación está dotada de 6 hidrófonos ubicados en dos grupos de 3, uno 50 km al norte de la Isla de la Posesión y otro 50 km al sur, los dos conectados por cerca de 120 km de cable con la estación de coordinación en la isla. Aquí la cosa se pone mucho más técnica, pero si les interesa, les dejo unos videos que hizo la Comisión Preparatoria del TPCEN sobre la construcción y puesta en funcionamiento de la base en la Isla de la Posesión:

HA05: Guadalupe y Martinica, Francia

Y de éstas no hablaré mucho porque son mucho más conocidas. La HA05 está dividida en 2: La sección norte está ubicada en un isla pequeñita llamada La Deseable a unos 8 km de la isla principal de Guadalupe, mientras que la sección sur sí está en la isla principal de Martinica. La primera se encarga de monitorear la sección norte del Océano Atlántico, mientras que la segunda lo hace para la sección sur. Además, las dos en conjunto están encargadas de analizar los datos sísmicos para toda la subregión de las Antillas. Como dato curioso, la Isla La Deseable es la más antigua de las Antillas Menores con algunas de sus rocas (sobre todo en la costa norte) que datan de más de 145 millones de años. 

Isla La Deseada en Guadalupe, Francia (Fuente)

HA06: Isla Socorro, México

Isla Socorro, México (Fuente)
Isla Socorro, México (Fuente)

Socorro es una isla volcánica de 132 km², la más grande del Archipiélago de Revillagigedo ubicado a unos 700 km al occidente de la costa mexicana y 440 km al sur de la Península de Baja California. Es un volcán en escudo (es decir, tiene una pendiente suave formada por capas sucesivas generadas por erupciones volcánicas a lo largo del tiempo) cuya última erupción fue en 1993. La isla se alza abruptamente desde el océano hasta llegar a una altitud de 1.050 metros sobre el nivel del mar. El terreno de la isla está lleno de surcos, pequeños cráteres y barrancos, y está cubierto de cúpulas de lava y conos de ceniza. Mejor dicho, es difícil escaparse de la historia de erupciones volcánicas en la Isla Socorro. Hoy en día, la isla es un destino famoso para los buzos por sus mantarrayas.

Ubicación del Archipiélago de Revillagigedo, México (Fuente)

La importancia geoestratégica de la Isla Socorro viene desde hace más de medio siglo. De hecho, desde la década de 1960, la isla junto con la estación de Nord en Groenlandia, la Isla de Pascua en Chile, la Isla Heard en Australia y la Estación Mawson en Antártida eran puntos claves en el programa de triangulación de satélites de circunvalación terrestre establecido por el Servicio Geodésico y Costero de los Estados Unidos que fue el precursor del actual Sistema de Posicionamiento Global (GPS).

La estación HA06 en la Isla Socorro tiene en realidad 3 locaciones, cada una con un sensor sísmico de 3 componentes. La primera está ubicada en el extremo norte de la isla y sólo es accesible por mar, la segunda a 300 metros de altura en el extremo sur de la isla, y la tercera cerca del aeródromo. 

Sismómetro en la Isla Socorro, México (Fuente)

HA07: Islas de Flores y de Corvo, Portugal

Y si la importancia geoestratégica de la Isla Socorro es clara, la del Archipiélago de las Azores en Portugal lo es aún más. Ubicadas a 1400 km al occidente de Lisboa y a 1930 km al suroriente de la Provincia de Terranova y Labrador en Canadá, las Azores están más o menos a medio camino entre Europa y América y, con eso, son un punto determinante para el control del Atlántico Norte. Allí, por ejemplo, se encuentra una base militar conjunta entre Estados Unidos y Portugal en el Aeropuerto de Lajes que, además, es justo el lugar donde aterrizó de emergencia el vuelo 236 de Air Transat entre Toronto y Lisboa luego de quedarse sin combustible en la mitad del Atlántico y hacer el planeo más largo de la historia de la aviación comercial en el mundo. Y claro, allí es también donde decidieron ubicar la estación de monitoreo HA07 que está dividida entre las 2 islas más occidentales del archipiélago: una parte en la Isla de Flores y la otra en la Isla de Corvo un poco más al norte. Teniendo en cuenta que las 2 islas no tiene más de 4.000 habitantes, la ausencia de “ruido cultural” las convierte en un lugar ideal para monitorear las posibles explosiones nucleares en el Atlántico Norte.

Estación de monitoreo en la Isla de Flores, Portugal (Fuente)
Estación de Monitoreo en la Isla de Flores, Portugal (Fuente)

HA08: Isla Diego García, Reino Unido

Y aquí la historia sí se nos complica porque lo que hicieron los británicos en el Archipiélago de Chagos (donde la Isla de Diego García es la más grande) fue una cabronada… Pero léanlo así: CA-BRO-NA-DA. Resulta que el archipiélago era parte de la colonia de Mauricio, pero previendo la inminente independencia de la isla y teniendo en cuenta el valor estratégico de tener unas posesiones en la mitad del Océano Índico, el Reino Unido separó la administración del archipiélago en 1965. Así Mauricio se podía independizar y Londres mantenía el control sobre Chagos que ahora se llamaría el Territorio Británico del Océano Índico. Todo iba “bien” hasta que en 1966, el Reino Unido decidió alquilarle el archipiélago a Estados Unidos para la construcción de una base militar. El problema es que Washington pidió que se expulsara a toda la población nativa y a los animales para que no interfirieran con lo que sería una de las bases militares más importantes de Estados Unidos en le planeta. Con eso, los 1800 habitantes de las islas fueron enviados por la fuerza a Mauricio y Seychelles (donde han sido históricamente segregados) y ahora la isla estaba “limpia” como la quería Washington. Si les interesa el tema, pueden leer más sobre la expulsión de los chagosianos aquí, pero lo que sí es cierto es que ésta ha sido una de las historias más canallas de toda la historia militar estadounidense (y eso que tienen muchas).

En cualquier caso, el Archipiélago de Chagos y la base militar en la Isla de Diego García ha sido fundamental para Estados Unidos durante la invasión de Iraq a Kuwait y las invasiones a Iraq y Afganistán, además de servir para controlar los piratas en las costas somalíes y garantizar la seguridad en el Estrecho de Ormuz y el Mar Rojo por donde pasa la nada despreciable suma de 18 millones de barriles de petróleo al día. Y como les había contado antes, también ha sido un punto fundamental para establecer el sistema mundial de GPS y, ahora, para monitorear las explosiones nucleares en el Océano Índico. De hecho, la HA08 en Diego García también ayudó en la investigación del accidente del vuelo 370 de Malaysia Airlines junto con la HA01 en el Cabo Leeuwin, Australia.

Base militar estadounidense en la isla de Diego García (Fuente)
Base militar estadounidense en la Isla de Diego García (Fuente)

Al haber una grandísima cooperación entre Washington y Londres en Diego García, esta base militar no sólo cuenta con la primera estación de monitoreo hidroacústico construida para el Sistema Internacional de Vigilancia, sino que también cuenta con una estación de radionúclidos para detectar radiación en el ambiente y otra de infrasonido. Mejor dicho, el combo completo. 

Nodos hidrofónicos antes de ser instalados en Diego García (Fuente)
Cables submarinos en la estación de monitoreo de la Isla Diego García (Fuente)

HA09: Tristán de Acuña, Reino Unido y HA10: Isla Ascensión, Reino Unido

Y del Territorio Británico de Santa Elena, Ascensión y Tristán de Acuña ya hemos hablado en este blog en varias oportunidades, la últimas con la entrada de Javier titulada “Tristán de Acuña: Llegar es muy difícil, quedarte es imposible” y con la mía titulada “Isla de Gough: Un viaje a la Inaccesibilidad“. Tristán de Acuña es una isla británica en medio del Atlántico sin aeropuerto, sin puerto pero con el nombre de una ciudad capital más coquetón de toda la historia de la humanidad: Edimburgo de los Siete Mares. Ascensión, por el contrario, sí tiene no sólo aeropuerto sino también una de las bases militares británicas más importantes de todo el Atlántico… fue desde ahí, además, desde donde enviaron gran parte de los barcos, aviones y submarinos que participaron en la Guerra de las Malvinas contra Argentina. Mejor dicho, ahí es cuando uno se da cuenta que islitas diminutas perdidas en la mitad de la nada terminan siendo fundamentales para las superpotencias a la hora de controlar el planeta entero. 

Ubicación de las Islas que componen el Territorio Británico de Ascensión, Santa Elena y Tristán de Acuña (más la Isla Gough) en el Atlántico Sur (Fuente)

Pues resulta que al sumar las estaciones de monitoreo en las Islas Azores y Martinica y Guadalupe a las que instalaron en las Islas de Ascensión y Tristán de Acuña, el TPCEN queda con un control absoluto de lo que pasa en todo el Océano Atlántico. La supervisión proviene de 3 países diferentes, pero todos miembros de la OTÁN y todos aliados de Estados Unidos. La vigilancia en su máxima expresión. Pero no todo es malo… Si bien Ascensión siempre ha tenido electricidad, los 264 habitantes de Edimburgo de los Siete Mares no contaban con tanta suerte. Pues claro, vivir perdidos en la mitad de la nada no ayudaba mucho. Resulta que con la construcción de la estación de monitoreo en la isla, llegó también la necesidad de proveer electricidad a los micrófonos y demás aparatos que usaban para detectar posibles pruebas nucleares. Y como no había planta de energía en la isla, pues les tocó construir una. Gracias a la estación de monitoreo HA09, ahora la ciudad capital tiene energía gratis durante todas las noches por cortesía del TPCEN. Nada mal, ¿o sí?

Poblado de Edimburgo de los Siete Mares en Tristán de Acuña (Fuente)
Estación de monitoreo HA09 en Tristán de Acuña (Fuente)

 

 

HA11: Atolón Wake, Estados Unidos

Y terminamos nuestro recorrido de hoy perdidos en otra isla, pero esta vez en el Océano Pacífico. La Isla Wake es un atolón coralino compuesto por 3 islas pequeñas que rodean una laguna central en el Pacífico Norte. Está ubicada aproximadamente 3.700 km al occidente de Honolulu en Hawaii y 2.400 km al oriente de la Isla de Guam, otro de los grandes fortines militares gringos en el Pacífico (y que además fue uno de los territorios perdidos por España en la guerra hispano-estadounidense). La isla es administrada por el Departamento del Interior pero utilizada por la Fuerza Aérea y la Marina de Estados Unidos.

Ubicación de la Isla Wake en el Océano Pacífico (Fuente)
Vista aérea de la Isla Wake (Fuente)

En la Isla Wake hay una base militar con una pista de más de 3 km de largo utilizada exclusivamente por aviones militares. Sin embargo no siempre fue así. De hecho, a partir de 1935, la aerolínea Panam utilizó el aeropuerto en el atolón para hacer escalas en sus vuelos entre Estados Unidos y China. Este servicio duraría hasta los ataques japoneses a la isla durante la segunda guerra mundial. Hoy en día, la isla concentra una de las oficinas más importantes del Comando de Defensa Anti-Misiles de los Estados Unidos.

Con un diseño igual al de las estaciones en Ascensión y la Isla Robinson Crusoe, la estación HA11 es una de las más importantes del mundo porque está encargada de vigilar la posible realización de pruebas nucleares en una de las zonas no sólo más alejadas del planeta, sino también donde más pruebas se han realizado hasta hoy. Recuerden ustedes que Estados Unidos volvió MIERDA atolones completos en Kiribati y las Islas Marshall, mientras que Francia lo hizo en la Polinesia Francesa. De hecho, pueden leer sobre todas esas pruebas en la entrada titulada “10 Islas convertidas en campos de Pruebas Nucleares durante el Siglo XX“. 

Hidrófonos antes de ser instalados en la Isla Wake (Fuente)
Cable submarino hacia los hidrófonos en la Isla Wake (Fuente)

Y hasta aquí llegamos por hoy con este recorrido por los 11 lugares (10 de ellos islas) donde el Sistema Internacional de Vigilancia del TPCEN ha instalado estaciones de monitoreo. En últimas no era más que una excusa para recorrer lugares recónditos de la geografía mundial, de esos que tanto nos gustan por estas tierras… y claro, si en el proceso aprendemos algo de tecnología, relaciones internacionales y geoestrategia, pues bienvenido. Espero que les haya gustado y nos vemos en una próxima oportunidad con algún otro tema loco de este planeta. ¡Adiós pues!

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